El actor tenía 95 años y falleció en su casa, rodeado de su familia
Sus roles más recordados fueron en El padrino y Apocalipsis ahora. Era terrible en todo, menos en actuación, dijo alguna vez en una entrevista.
En una escena de «El padrino 2», Michael Corleone (Al Pacino) conversa en una oficina con el corrupto senador Pat Geary (G.D. Spradlin) y junto a ellos está Tom Hagen, el eterno consejero de la familia, interpretado magistralmente por Robert Duvall. En un momento, el político cambia su tono amable por uno más altanero y comienza a insultar a Michael. «No me gusta verlos llegar a este país limpio con su pelo grasiento», dice el senador y la cámara de inmediato va la cara de Duvall, quien pasa de tener la mirada baja a observar al político, sin mover la cabeza, para luego mirar a Michael moviendo sólo los ojos. No dice nada, absolutamente nada, pero todos sabemos lo que está pensando. Ese era parte del talento de este actor que murió este domingo, a los 95 años.
Su esposa, Luciana Duvall, comunicó este lunes la noticia escribiendo en Facebook: «Ayer despedimos a mi amado esposo, querido amigo y uno de los más grandes actores de nuestro tiempo. Bob falleció pacíficamente en su hogar, rodeado de amor y consuelo. Su pasión por su oficio sólo se igualaba con su profundo amor por sus personajes y una gran comida. En cada uno de sus muchos roles, Bob lo dio todo por sus personajes y el verdadero espíritu que representaban».
Duvall nació en San Diego, California, en 1931, y su padre era un contralmirante de la Armada que esperaba que él siguiera sus pasos, pero no fue así. «Era terrible en todo, menos en actuación. Apenas pude terminar la escuela», le confesó en 1977 a la revista «People».
Tras la partida de Duvall, quien ganó el Oscar a Mejor Actor por «Tender mercies» (1983), el diario «The New York Times» tituló: «Robert Duvall, camaleónico actor de cine, teatro y televisión, muere a los 95 años». Christian Ramírez, crítico de cine de Artes y Letras de «El Mercurio», coincide con ese adjetivo: «Duvall tiene dos etapas.
Desde el comienzo de su carrera, se caracterizó por ser un sujeto camaleónico, estaba cómodo en la ciencia ficción como en THX 1138, en el mundo del drama con El padrino, lo podías ver en un rol principal o lo podías ver, por ejemplo, como pasa en Bullitt, en un rol secundario como un sujeto inaguantable y uno de los antagonistas de Steve McQueen. Podía ser un malo tremendo en True grit o en Joe kidd, junto con Clint Eastwood, este sujeto que tenía roles que iban desde el protagonismo al antagonismo, pero también roles principales y secundarios. Eso lo hacía extremadamente dúctil», recalca.
Su trabajo con Francis Ford Coppola, sin duda, lo marcó. «Como Tom Hagen, en El padrino, su interpretación no sólo va a la par con la de los hermanos Corleone, sino que va a la par con Marlon Brando. Coppola comprendió que lo podía colocar en cualquier parte y eso es lo que pasa en Apocalipsis ahora, con el coronel Kilgore. Su papel está reducido a unos minutos de la película y tiene la capacidad de dejar una impresión indeleble en poquísimos minutos.
Esa habilidad es algo que utilizó en la segunda etapa de su carrera: personajes secundarios que pueden estar al lado del protagonista o contra el protagonista, como en Días de trueno o Una acción civil», destaca Ramírez. Eso fue refrendado por el mismo Coppola, quien en una entrevista del 2003 dijo: «Los actores hacen click con sus personajes en diferentes momentos, la primera semana, la tercera semana… Bob está listo después de una o dos tomas, es todo lo que necesita».
De su segunda etapa, Óscar Salas, de la tienda Fílmico, destaca su trabajo como actor y director en «El apóstol» (1997). «Es muy buena y en su momento no pasó desapercibida. Fue un pequeño hito en los videoclubs, yo lo recuerdo. La gente preguntaba por ella y se la llevaba», recalca. Ramírez opina en la misma línea: «Es una clase de actuación. Es extraordinaria».
Para Salas, Duvall era «un actor sin aspavientos o poses clichés, era un señor calvo y de tono bajo, pero desde su interior sacaba algo súper magnético. Era un muro, no le entraban balas. No hay nadie que actúe de esa forma hoy en día».



