El regreso a la vida televisiva de la verdadera dama de hierro no dejó títere con cabeza.
Ayer fue un gran día para la TV chilena. Volvió Pamela Jiles. Lo hizo a «En portada», tras exactamente 910 días de que se autodespidiera de «S.Q.P.», agobiada por la sensación de no saber si estaba exonerada o no tras fuertes dichos contra Raquel Argandoña.
Llegó y de inmediato el panel se transformó en un escenario en el que todos asumieron su papel. Manu González se mostró servilmente retraído. Dijo que había escuchado mucho sobre ella y que no quería rozarla para no molestarla. Jaime Coloma adoptó el rol de quien, sin compartir todo lo que salía de los labios de la recién llegada, rescata y valida algunas de sus impresiones.
Cristián Pérez, el integrante del programa que más trabajó con ella, hizo de provocador, afirmando, por ejemplo, que estuvo dos años muerta y que es contemporánea de Ricarte Soto. Y Savka Pollak redobló sus tasas de dulzura, lo que hizo parecer impensable que alguna vez la llamaran «la Chucky de la farándula».
En este Jilescentrista contexto, Pamela brilló como cuando la opinología gozaba de su presencia. Empleó bastante el peligroso recurso de hablar tan en serio que parece broma. Ejemplos: «Todo el mundo sabe que yo solamente respondo preguntas de periodistas». «A esa niña (Macarena Tondreau) solamente la ubico porque la vi una vez sacándose los calzones en la tele («Así somos»)». «Recuerdo cuando Francisca García hacía pucheritos por un tal Julio César Rodríguez».
Más adelante le dio con todo a Katherine Salosny. En la forma, el misilazo fue de una elegancia interminable; en el fondo, devastador. Transcribo: «Ese equipo de trabajo comandado por el Sr. Correa es especialista en generar figuras femeninas cuya característica es pesar lo mismo que un paquete de cabritas» y luego, refiriéndose a Salosny y sus 46 años, agregó «para efectos de un género como el matinal ella está muerta, salvo que ella sepa hacer algo como pensar, que me parece que no es el caso».
Hacía falta una voz como ésta para enfrentar, con fundamento, sin misericordia, la prepotencia de algunos canales, programas y famosillos.


