Fue como si un dragón hubiera escupido fuego, cuentan
Tábata Jara y Lucas Jofré saltaron al mar sin chalecos salvavidas y nadaron más de una hora hasta que un bote pesquero los rescató.
En el lado derecho del rostro, Tábata Jara lleva un amplio parche blanco. Las quemaduras también se ven en sus brazos, aunque cuenta que su piel se está recuperando. Sentada en su casa, en Padre Hurtado, recuerda cómo hace tres semanas escapó junto a su pololo, Lucas Jofré, de un ferry en llamas en Filipinas. Ambos tienen 25 años: saltaron al mar desde una altura que estiman entre siete y ocho metros y nadaron más de una hora antes de que los encontrara un bote pesquero.
Pasaron un año en Australia con una visa Working Holiday. Trabajaron en cafeterías y ahorraron para recorrer el sudeste asiático. Tras visitar siete países, decidieron agregar Filipinas a último momento porque querían conocer El Nido. En Manila eligieron un ferry más barato que el avión para llegar a Corón. Eran los únicos turistas a bordo; los demás pasajeros eran filipinos.
Zarparon la noche del 8 de septiembre en el MV June Aster, de la empresa Atienza Interisland Ferries. En la parte inferior del barco vieron vehículos y cajas; arriba, filas de literas con pequeños pasillos. «Nunca había visto un ferry con camas. Siempre habían sido con asientos», cuenta Tábata. Al día siguiente, cuando ya divisaban la isla, ella y Lucas veían una serie en el teléfono, acostados en literas contiguas.
«De la nada empezaron los gritos. Yo miro hacia la parte de atrás del ferry y vi el humo negro y las llamas. Pero no fue que empezó un fueguito y se fue pasando. Fue como si un dragón hubiera escupido fuego. Fue instantáneo. Nos paramos los dos y corrimos hacia adelante por un pasillo estrecho. El fuego nos envolvió, se sentía todo muy caliente y no se veía nada. Corrimos hacia la esquina que estaba un poco abierta, porque en gran parte de los costados estaban bajadas las cortinas plásticas que protegían del sol, y no se podía escapar. Cuando sentí que el fuego me envolvió y empecé a inhalar el humo, dije: Hasta aquí llegué.
Pensé que no saldría viva de ahí», cuenta la joven.
«Me acuerdo de que Tábata se cayó, la levanté y seguimos corriendo», agrega Lucas.
Entre los pasajeros que buscaban escapar, ella volvió a caer junto a la baranda. «Me shockeé. Como que quise tirarme al mar, pero no lo logré, y ahí Lucas me empujó. Si él hubiera saltado primero, quizás yo no hubiese podido», explica. Lucas saltó detrás. Ninguno llevaba chaleco salvavidas. Ambos calculan que entre los primeros gritos y la caída al agua no pasaron más de 40 segundos.
Tras encontrarse en el mar, ya a oscuras, comenzaron a nadar. «Veíamos el ferry avanzando, pero lleno de fuego. Después empezaron a sonar explosiones muy fuertes, pero seguimos nadando a pesar del dolor de brazos», recuerda Tábata.
Durante la caída al mar Lucas se fracturó un brazo. «No encontramos nada de qué afirmarnos. Nadamos y descansábamos de espalda. Lucas no sabe flotar, entonces yo le tenía que estar levantando el pie. Estuvimos más de una hora hasta que vimos las luces de un bote pesquero y Lucas se puso a silbar hasta que nos alumbraron y lograron rescatarnos». En el pueblo los atendieron en una cancha habilitada como consultorio. Una mujer les prestó su cuenta de Facebook para avisar a sus familias.
La Guardia Costera filipina confirmó que, de los 128 pasajeros, 77 fallecieron y ocho siguen desaparecidos.
El 23 de septiembre la pareja regresó a Chile. Lucas también sufrió quemaduras y debe esperar a que cicatrice la lesión del codo para operarse de la fractura.
Tábata Jara regresó a Chile el 23 de septiembre.
Así es el ferry en el que viajaron.


