Joaquín Trecic es autodidacta tecnológico y su empresa, Novelty8, desarrolla softwares para distintas industrias
No vengo del mundo startup tradicional. No levanté capital, no tuve un papá inversionista, no partí con contactos ni con una red que me abriera puertas, afirma.
A los 16 años, Joaquín Trecic salía a las cinco de la mañana en la bicicleta de su abuelo, con un carro de 50 kilos amarrado atrás, a recoger desechos compostables casa por casa en Santiago para que luego fueran reciclados. Seis años después, sin estudios universitarios, sin inversionistas y sin apoyo financiero familiar, es dueño de Novelty8, una empresa tecnológica con cerca de 1.000 clientes vigentes en Chile, México, Argentina y Estados Unidos, que desarrolla software para corredoras de seguros, hoteles, restaurantes, constructoras, comercio electrónico y logística.
En restaurantes, donde son uno de líderes del segmento, su sistema maneja toda la información que requiere su funcionamiento. Gestiona comandas, boletas, cartas, recetas, inventario, compras y ventas. En hotelería, su software maneja y organiza las reservas que llegan desde plataformas como Booking o Airbnb, todo en un solo sistema, con check-in automatizado y tótems para que los huéspedes se auto atiendan.
La historia que llevó a Trecic hasta Novelty8, si bien partió con la recolección de materiales, tuvo una serie de otros capítulos en que fue armando capital y aprendiendo hasta formar su empresa.
«Partí trabajando en la calle, recogiendo basura en la bicicleta de mi abuelo, vendiendo CD y pendrives con música, pegando stickers y publicidad, y después repartiendo en Rappi», cuenta.
Con la plata que juntó, hizo su primera importación desde China para vender productos. «Compré, me acuerdo, 12 cargadores de teléfono. Después vi que funcionaba, compré 15, los vendí, después compré 20, y así fui creciendo», cuenta.
Él mismo repartía en bicicleta, antes o después de clases en el colegio Josefino Santísima Trinidad, de Providencia, o los fines de semana.
El primer quiebre llegó con unos cepillos de limpieza que se usaban con taladro, su producto estrella. Compró un contenedor completo, sin haberlo hecho nunca, y dejó de vender todo lo demás. Cuando la carga llegó, meses después, muchos otros ya vendían lo mismo. «Me quedé con el contenedor en la casa y no vendí absolutamente ninguno de los productos que traje», dice. La empresa quebró.
Pero fue un problema familiar lo que le abrió el camino hacia lo tecnológico. Su padre quedó cesante y, como Joaquín sabía de tecnología, ya que incluso tenía un sitio web donde la enseñaba, le ayudó a armar un sitio web para un nuevo trabajo, que terminó siendo el origen de Novelty8.
«Mi papá me dijo, oye, hazme una página, ¿tú sabes hacerla? Yo le dije que no, pero que podía intentarlo. Me demoré dos semanas», recuerda. Como sabia diseñar softwares, hizo uno para su padre, que venía de ese sector. Me dediqué por completo a él, lo desarrollé, vendí y fundé una empresa que se llamaba Corredor Online. De ahí pasé a Novelty8. Novelty, por novedad, y el 8 como un símbolo de infinito puesto en vertical», relata.
Después, un grupo que tenía hoteles, moteles y arriendos le pidió un sistema a la medida, y así nació la línea de hotelería, a la que siguieron las demás.
Una diferencia de la historia de Trecic con otras tecnológicas, es que es un outsider de dicho ecosistema. «No vengo del mundo startup tradicional. No levanté capital, no tuve un papá inversionista, no partí con contactos ni con una red que me abriera puertas», afirma.
Escala humana
Más allá del esfuerzo y la perseverancia, al que apelan casi todos como un lugar común de los emprendedores, Trecic señala que en su éxito fue clave el tipo de empresa que creó, su escala. «Nosotros nunca buscamos ser una empresa gigante, sino una empresa boutique a la que cualquier cliente pueda llamar, a cualquier hora, cualquier día, y le contesten y le resuelvan su problema. La otra clave, señala, fue democratizar la tecnología. Sistemas que antes estaban pensados para grandes compañías, dice, hoy son viables para un hotel pequeño o un restaurante que parte en un food truck.
En su sector, la Inteligencia Artificial (IA) es clave, y es un tema que sus clientes le piden cada vez más, pero advierte que el entusiasmo no basta. «Es muy fácil creer que la IA te va a resolver la vida y querer integrar cosas por integrar siendo que lo que estás integrando realmente no te genera valor», señala. A su juicio, sirve sobre todo en procesos repetitivos que no requieren intervención humana directa, como revisión de contratos y documentos, decisiones administrativas o generación de reportes.
En Chile, observa, las empresas están más deseosas que avanzadas, con miedo, poca inversión y mucho desconocimiento. «Todos podemos acceder a la misma IA, pero la gran diferencia y quienes van a ganar en esta carrera son las empresas que son capaces de transformar su información, de tener la data necesaria, depurarla y poder usarla».
«Es muy fácil creer que la IA te va a resolver la vida»? Joaquín Trecic


