Pollo Castillo tardó un año en remodelar su penthouse: «Nos estamos amigando con los vecinos»

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El comediante cometió el error de no avisar de las obras, que además se extendieron más de la cuenta

Luego de la experiencia, en el edificio se impuso un nuevo horario de silencio entre 12 a 15 horas. A esa hora se duerme siesta.

Benjamín «Pollo» Castillo compró un penthouse en el undécimo piso de un edificio ubicado a pasos del metro Manquehue. No era un departamento cualquiera, había pertenecido al arquitecto que diseñó el edificio, quien vivió ahí por décadas y lo modificó a su antojo paulatinamente, sin planos ni permisos. En un momento necesitó una oficina y la sumó, en otro quiso conectar habitaciones y abrió una nueva puerta.
«Había un baño con dos puertas, era muy raro», menciona el ingeniero, comediante y streamer.
Con la idea de irse a vivir allí con la odontóloga Piera Montesi, su pareja hace ocho años, Castillo proyectó la propiedad como su hogar por lo menos para los próximos diez años. Pero advirtió desde un principio que debía intervenir esa curiosa distribución para que la familia estuviera cómoda.
Llamó a una empresa de interiorismo, The Home, con la que había trabajado en su departamento anterior y pidió ayuda para el diseño de la remodelación. Pero cuando llegó la hora de ejecutar, el presupuesto no le daba. Decidió intentarlo por su cuenta: contrató a un maestro y a su hijo a quienes llegó por recomendación de una conocida de su pareja.
A las pocas semanas aparecieron los problemas.
«Cometí el error de pagarles por adelantado. Los lunes no llegaban, trabajaban unos días y después se desaparecían», rememora.

A los tres meses, solo habían avanzado con dos dormitorios y el departamento tiene 250 metros cuadrados. Castillo y Montesi ya conocían todo el repertorio de excusas y habían realizado varios depósitos.

Ella le pidió que frenara todo.
«Me dijo que les parara los carros, que no podíamos seguir así», cuenta.
Para colmo, cuando su hermano -constructor, pero dedicado al área industrial- revisó el presupuesto, le advirtió que le estaban cobrando un precio muy por encima del valor de mercado. Ahí fue cuando se convenció de que había que terminar la relación laboral.
Volvió a la empresa que hizo el diseño para que se hicieran cargo de toda la ejecución, a través de la empresa Terrazo Arquitectura. Acotaron el presupuesto y trajeron tres maestros de confianza. Las arquitectas supervisaban directamente la obra, hablaban con el equipo y resolvían los detalles técnicos.
«Yo llegaba en las tardes y siempre había avances», asegura.
¿Estuvo viviendo un año entero en el departamento mientras se remodelaba?
 
«Sí, aunque tuve hartos viajes en ese periodo y nos sirvió para que pasara el tiempo. Nos fuimos a Egipto, estuvimos en Turquía, yo también viajé por mi parte. Estuve como dos meses afuera en total. Siempre me iba con la esperanza de que al volver estaría todo listo, pero no, no era así. De hecho, llegaba y me daba cuenta de que los maestros no habían avanzado nada».
¿Terminó o faltan detalles?
«Aún faltan detalles y cosas choras que queremos agregar, como toldos en la terraza porque se nos están quemando los sofás con el sol. Nos faltan colgar unos cuadros, unas cosas de diseño interior. Por los viajes que hemos hecho queremos tener un mapamundi en la entrada, pero son más detalles».
 
Un año de remodelación no es menor para los vecinos.
«Son todos de tercera edad. Nos estamos amigando con todos, intentando ir puerta por puerta para que nos conozcan, porque somos los vecinos nuevos. Nosotros cometimos el pecado de no informar tanto de qué se trataban los trabajos. Ellos preguntaban por qué hacíamos tanto ruido y sin parar por varios meses. Incluso pusieron una cláusula de convivencia: no se puede hacer ruido de 12 a 15 horas porque es la hora de la siesta».
 
¿Qué le ha parecido habitar su departamento después de tanto tiempo esperando?

«Lindo, para nosotros es algo totalmente soñado, algo que esperamos durante un montón de tiempo. Aprendimos a convivir un montón, fue un desafío vivir allí, en una reconstrucción, porque esto no fue solo una remodelación. Pone a prueba la relación de pareja y fue un punto muy alto entre nosotros. Nos gustó mucho el compromiso que teníamos, la lealtad. Fue un proyecto juntos, fue súper bonito. Y ahora lo estamos aprovechando con todo».

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