Por este logo que cuesta $100 le cobran un dineral por prendas falsificadas

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PDI detecta taller clandestino dedicado a estampar logos de marcas reconocidas

Un short Nike falsificado, por ejemplo, lo venden a $25.000 y las poleras a $35.000.

En un taller escondido detrás de un portón rojo, en la calle Lisperguer de Estación Central, donde podía oírse desde lejos el zumbido constante de las máquinas de coser, como un enjambre de insectos que trabaja en penumbra, dos hombres peruanos se dedicaban a bordar con finísima precisión los logos falsificados de cientos de poleras, shorts y polerones de marca que a diario eran repartidos en el barrio Meiggs de la comuna de Santiago. Fueron pillados, de hecho, por su poco disimulo y falta de modestia en el negocio: por cada logo bordado cobraban $100, aunque multiplicado por miles.
Cuenta el subcomisario John San Martín, de la Brigada de Investigaciones Criminales (Bicrim) de la Policía de Investigaciones (PDI), que la Municipalidad de Santiago les entregó un dato. Todos los días, a las diez de la mañana, detalla San Martín, dos furgones se estacionaban en la calle Salvador Sanfuentes, a la altura de Unión Latinoamericana, para intercambiar toda clase de vestuario.
Enigmáticos furgones
Uno de los furgones, relata San Martín, era de un chileno que tenía un toldo azul en el barrio Meiggs, y que a diario le entregaba cientos de ropas a un peruano, quien era el dueño del otro furgón, y que se encargaba de trasladar las vestimentas al taller arriba mencionado, donde otros dos peruanos se ocupaban de bordar y estampar logos falsificados de las marcas Nike, Puma, Tommy Hilfiger, NBA y New York Yankees; según las solicitudes del chileno.
«El peruano que tenía el furgón le cobraba $300 al chileno por cada prenda. Su labor era llevar la ropa al taller donde trabajaban dos peruanos más, quienes se encargaban de bordar o estampar los logos falsificados de las marcas. Ellos, a su vez, le cobraban $100 por cada logo, por lo que la ganancia de la persona del furgón, o sea, del intermediario, era de $200 por logo», describe San Martín.
Casa taller
 
El taller, dice el subcomisario, era prácticamente una industria, con máquinas industriales bordadoras y estampadoras, que funcionaban con un computador donde el usuario podía ingresar el patrón del logo que quisiera. Detrás del taller, además de un modesto patio, los dos peruanos del taller tenían la casa que compartían.
«Cuando la ropa falsificada estaba lista, era devuelta al chileno, quien se encargaba de venderla en su toldo azul y también la distribuía a otros comerciantes informales del barrio Meiggs. Un short Nike falsificado, por ejemplo, lo vendía a $25.000 y las poleras a $35.000. Los logos eran muy similares al original», relata.
San Martín cuenta que la Bicrim Cerrillos de la PDI incautó cerca de 500 prendas en el taller y 5.000 en los furgones. Además, menciona que el costo de cada ropa sin la marca era de aproximadamente $5.000, por lo que la ganancia era más que millonaria. En cuanto a los detenidos: el peruano del furgón, el chileno distribuidor, los dos peruanos del taller y dos colombianos que ayudaban a distribuir en la calle.
Mercado 
 
Adolfo Numi es el presidente de la Asociación Gremial de Desarrollo del Barrio Meiggs. Cuenta que el mercado de los productos falsificados en la zona existe hace varios años y que la banda de falsificadores que fue detenida este lunes por la PDI no es la única.
«Están especializados. Algunos falsifican zapatillas, otros ropa deportiva, algunos jockeys y así. También venden productos electrónicos falsificados que los traen desde afuera. Hemos visto que ha crecido la venta de cigarrillos falsificados. Tienen talleres donde imitan las cajetillas y luego las rellenan con cigarrillos distintos», detalla.
Numi menciona que las bandas dedicadas a la falsificación tienen varios talleres, pero todos pequeños. Lo hacen de esa manera, dice, para que puedan seguir funcionando en caso de que las policías detecten las fábricas clandestinas de productos falsificados.
«La ropa que falsifican generalmente la traen desde Asia o Perú. Traer ropa a Chile puede costar desde $500 por prenda», dice.

Mario Desbordes, alcalde de Santiago, agrega que varias instituciones se encuentran atacando la cadena completa del comercio ilegal y de otros delitos en el barrio Meiggs, «las que trabajan en enfrentar a quienes importan, distribuyen, falsifican y se adueñan del espacio público». En ese contexto, celebra, «la PDI hizo una tremenda diligencia en un trabajo conjunto con el municipio, que fue información que obtuvimos y que la PDI después toma y transforma en este gran procedimiento. Es la forma en la que vamos a trabajar para recuperar este barrio y otros».

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