Tienen hasta 380 HP y son capaces de tirar rastras de hasta 48 discos
Su adopción ha aumentado de forma importante en la última década debido al crecimiento de la agricultura de gran escala, dice experto.
La gente observadora que transita cerca de predios agrícolas del sur de Chile ha empezado a notar, desde hace algún tiempo, la presencia de tractores inusualmente grandes. Algunos testigos hablan de máquinas que son verdaderos colosos y que se desplazan sobre ruedas de más de dos metros de diámetro, impulsados por motores de hasta 380 caballos de fuerza (HP).
Rodrigo Araya, gerente del segmento agrícola de Salfa, empresa distribuidora a nivel local de la marca John Deere, confirma que efectivamente se ha incrementado la demanda por los tractores de las series 9R y 8R. Se trata de modelos que, junto con presentar una apariencia impresionante, brindan un servicio revolucionario en labores como arado, siembra y aplicación de químicos, siempre en terrenos de gran extensión donde se cultivan productos como trigo y avena.
«Este tipo de tractores se comercializa en Chile desde hace varios años, pero su adopción ha aumentado de forma importante en la última década debido al crecimiento de la agricultura de gran escala y a la necesidad de mejorar la productividad. Según cifras de importaciones, en Chile se comercializan entre 25 y 30 tractores nuevos de alta potencia al año. Hablamos de potencias sobre los 240 HP», informa.
«La demanda ha ido creciendo porque los productores necesitan cubrir mayores superficies en menos tiempo y con menor costo por hectárea. En terreno, su desempeño ha sido muy positivo, destacando por su capacidad de tracción, confiabilidad, eficiencia de combustible y alto nivel de tecnología. Sin embargo, son inversiones que pueden superar los 200 mil dólares, e incluso los 500 mil, por lo que el respaldo técnico, la disponibilidad de repuestos y el servicio especializado son factores tan importantes como la potencia del tractor», resume el ejecutivo.
Otras marcas, como Claas o Massey, también han estado lanzando sus propias versiones del tractor gigante, y todas ellas superan las nociones tradicionales que se tienen respecto de este tipo de máquinas. El profesor Aldo Abarca, del departamento de ingeniería mecánica de la Universidad de Santiago, entrega un ejemplo sencillo para entender el poderío y la magnitud de estos nuevos productos.
«Un auto normal tiene unos 120 HP, y una SUV tiene de 150 a 200 HP, diseñados para alcanzar velocidad en carretera. Un tractor clásico pequeño de campo tiene unos 60 HP pensados para fuerza, tirando arados chicos a paso de persona. Los tractores grandes que estamos comentando ahora tienen hasta 380 HP y usan esa gran potencia para tener una mayor capacidad de tracción. Con ello multiplican el torque en sus ejes para arrastrar implementos de más de 15 metros de ancho. Entonces, hacen en una hora lo que a un tractor viejo le tomaría todo el día. Eso tiene varias ventajas hoy porque el clima deja espacios de buen tiempo cada vez más cortos para sembrar o cosechar», plantea.
Luciano Chiang, ex académico y actualmente investigador vinculado a la facultad de Ingeniería de la Universidad Católica, tiene experiencia tanto en el ámbito teórico como en la práctica. Como propietario de un campo en el sur de Chile, ya pudo comprobar la efectividad de las máquinas de gran tamaño que se están empleando en la actividad agrícola.
«Mi propiedad es de doce hectáreas, y tuve que limpiar la maleza, arbustos, etc. Contraté primero un bullddozer pequeño, a 45 mil pesos la hora, pero vi que avanzaba muy lento y me estaba saliendo muy caro. Entonces me dieron el dato de una máquina mucho más grande que cobraba 65 mil la hora. Hice el cambio, y al final el costo por hectárea limpiada era mucho menor con el bulldozer grande. La máquina más chica con frecuencia se quedaba pegada cuando el arbusto era de tamaño mayor, en cambio la máquina grande arrancaba el arbusto sin problemas», relata.
«Este fenómeno del gigantismo en las máquinas se observa tanto en la agricultura como en la minería, en la industria forestal, en la industria de la pesca. Mientras más grande el equipo, en este caso el tractor, es más productivo. Claro que es más cara la inversión inicial, pero al final de cuentas es más efectivo usar equipos de mayor capacidad. Si usted tiene que arar una superficie grande, un tractor del doble de tamaño lo hará en menos de la mitad del tiempo, y ahí está la ganancia. El tractor grande, en este caso, es mucho más productivo, lo que justifica preferirlo», asegura.
Según explica el profesor Julio Haberland, del Departamento de Ingeniería y Suelos de la Facultad de Ciencias Agronómicas de la Universidad de Chile, el uso de tractores y bulldozers de gran tamaño se ha hecho cada vez más frecuente en el sur de Chile, principalmente en terrenos que se encuentran extremadamente compactados, y que resultan imposibles de roturar con maquinaria de dimensiones tradicionales.
«Ese tipo de máquinas se usan mucho para preparar la tierra antes de hacer una plantación frutal, por ejemplo. Esto ocurre en la medida en que se han ido acabando los suelos mejores, y los agricultores se ven obligados a utilizar suelos que tienen más limitantes. También se usan en plantaciones de gran extensión, generalmente de trigo o avena, o tal vez maíz, porque con un tractor de ese tamaño no puedes entrar a una plantación frutal, aunque ésta sea de 2 mil hectáreas», aclara.
«La ventaja de estas máquinas de gran tamaño es que pueden traccionar para una rastra grande, de 48 discos, que te exige tener una potencia de 300 caballos de fuerza. También pueden arrastrar una sembradora grande, y se pueden usar para cosecha, siempre en paños extensos. Ahora, para que una inversión así sea rentable, el usuario tendría que tener miles de hectáreas de terreno, o más de 500 hectáreas, digamos. Si tiene menos de 500, igual puede comprar el tractor grande y ofrecer el servicio a sus vecinos», reflexiona. Por eso, el modelo de negocio de las empresas que invierten en estas máquinas es el arriendo.
30 TRACTORES de alta potencia se venden en Chile al año.


