Directora del establecimiento dice que ni en un terremoto real arrancará
El jueves pasado, casi toda Arica puso en práctica un plan de evacuación.
Tienen entre tres meses y dos años. Unos gatean, algunos caminan a medias y otros, con suerte, lloran. Son 26 guaguas de la sala cuna «Bamby», de Arica, a quienes la Intendencia dio por muertos, pero de mentira. Los niños están oficialmente entre las seis mil «víctimas fatales» del simulacro de terremoto y tsunami del jueves pasado.
La razón es sencilla: la dueña de «Bamby» decidió no participar en el simulacro.
«En mi escenario, es riesgoso. ¿Cómo salgo con todas las guaguas en brazo? Somos siete personas en la sala cuna y es el personal autorizado por la Junji. Me puede atropellar un auto o pasar cualquier cosa si salimos con los niños», cuenta Ximena Millán, la propietaria.
La mujer de 63 años es educadora de párvulos, profesora de educación física y orientadora vocacional. Tiene claro que no evacuará en el próximo ejercicio y tampoco en un terremoto de verdad. «En el escenario real me tengo que quedar acá, cuidar a los niños mientras los padres vengan. Si existe un tsunami, no debería llegar hasta nuestra ubicación. Tengo que proteger a los niños y salir a la calle es un riesgo. La gente desesperada no respeta nada y si los saco nos pueden atropellar. Prefiero esperar acá a que llegue la mamá y le entrego su guagua», explica.
-¿Los padres no se molestaron por no sumarse al simulacro?
-Mis apoderados me dijeron que si evacuaba, no mandaban a los niños. Es un riesgo horrible que los padres no quieren correr cuando no hay terremoto.
-¿No le gusta que se hagan estos ejercicios?
– No estoy en desacuerdo, porque, siendo un país sísmico, tenemos que prevenir. Tenemos que educar a la gente.
-¿Y qué le parece que dijeran que los niños habrían muerto?
-Es harta chacota. Por suerte los papás se ríen. Ninguno lo encontró mal.
-¿Va a salir en el próximo simulacro?
-No


