El alguna vez implacable estelar de la farándula hoy parece Amnistía Internacional.
Hubo una época en que «Primer plano» fue comparado con una infatigable máquina de moler carne. Claro que en vez de carne lo que trituraban eran prestigios y hasta carreras.
Recuerdo que un trabajito que se hizo con (tra) Daniella Campos, de ésos que en las películas de gángsters se pide «que parezca un accidente». Eso motivó que Chilevisión nombrara al señor Luengo como sheriff de contenidos. Así de grave estaba la cosa.
Hoy todo eso es parte de un pasado muy lejano. El programa de Jordi Castell, Nacho Gutiérrez y Francisca García-Huidobro (por estos días de vacaciones, reemplazada por Patricia Larraín) más que un comisario o un censor se fue para el otro extremo y está necesitando con urgencia más bien un motosierrista editorial. O al menos alguien que se dé cuenta de que mientras los famosillos digan lo que ellos quieren y los conductores les lleven el amén en todo, el público se va a dormir invariablemente con hambre televisiva.
Digámoslo con todas sus letras: «Primer plano» se ha transformado en forma gradual pero inexorable en una casa «amigui» de los famosos.
El recurso más usado hasta la fecha ha sido enchular con silicona a mujeres que están en la cresta de la ola mediática, a cambio de que se muestre la operación por televisión. Luego, exhibenel antes y el después de la refacción. Una bicoca.
Este martes hicieron toda una terapia informal para abuenar a las hermanitas Larraguibel (Faloon y Thais) y hace unos días perpetraron el minitongo más cursi de la historia de la televisión chilena: la petición de pololeo de Pablo «Pinocho» Schilling a Angie «Amiga del año» Alvarado.
No escatimaronon en osos de peluche y flores incluidas, para que la ñoñería diera calambre. Fue, sin duda, «el escándalo de la semana».
Y por si fuera poco, ahora van a empezar a transmitir partos de parejas de la farándula, con el primer vástago de la familia conformada por Edmundo Varas y Francoise Perrot.
De ahí a apadrinar a la guagua, un paso.


