Falleció el domingo a los 45 años
Hay veces en que la vida cambia por completo en un solo instante, o por las circunstancias o por decisión propia. Carolina del Real decidió cambiarla por decisión propia en un instante muy preciso: las 8:30 horas del 26 de septiembre de 2013. Esa mañana, en su blog, posteó:
«Yo, mujer de ojos verdes, rubia, de colegio privado, apellido compuesto y segundo apellido inglés… Yo tengo sida. Estoy segura que mi revelación me traerá consecuencia positivas y negativas, pero no tengo miedo. Siento que ésta es mi misión. ¿Qué busco? Simple. No me discrimines, ni a mí ni a los otros, y hazte el examen. Todos estamos expuestos. Soy materia dispuesta para ayudar. Yo ya di la cara, ahora tú no me bajes la mirada y me sueltes la mano por miedo o prejuicio».
Carolina tenía 33 años y hacía tres que le habían diagnosticado el sida. Sida, la enfermedad, porque no solo era portadora del VIH. Por culpa de su deteriorado sistema inmune, una conjuntivitis derivó a rinitis y luego a dermatitis, y más tarde un resfrío se convirtió en tos convulsiva y luego en neumonía. Estuvo a punto de morir, pero sobrevivió para descubrir su misión: visibilizar lo que significa ser portadora del VIH y ayudar a prevenir la enfermedad.
Su historia llegó a su fin la noche del domingo. Su familia confirmó que Carolina, a los 45 años, había dejado de existir. «Quienes tuvimos la suerte de conocerla sabemos cuánto amor, fuerza y alegría compartió siempre», publicó su familia en redes sociales.
Los funerales de Carolina del Real se realizaron la tarde del lunes en el Cementerio Parque del Recuerdo.


