A cuatro años de la muerte del peluquero, Alejandro López dice que no es lo mismo si él no está
No está en condiciones económicas de mantenerla. Las cuotas de las contribuciones son de $1.000.000 y le falta pagar el impuesto a la herencia.
La casa del peluquero Patricio Araya en el barrio El Golf, en Las Condes, está a la venta. La singular construcción, cuyos aires venecianos que le imprimió su dueño atrapan la atención de quienes circulan por Napoléon con Enrique Foster Sur, se apagó cuando el estilista falleció, hace cuatro años.
«Sin el Pato ya no es lo mismo», dice el diseñador Alejandro López, viudo de Araya y único heredero de sus posesiones.
«El ciclo de la peluquería terminó. Solo fui gentil con la gente que trabajaba acá y se mantuvo abierta un día a la semana para que ellos atendieran a sus clientes», añade López.
Hoy, la residencia de dos pisos, con siete salones, dos baños y cinco estacionamientos, está a la venta por 31.000 UF (cerca de $1.225.000.000).
«Está hecha en un estilo veneciano y medio árabe porque con Pato éramos árabes. Cuando se terminó de hacer, como en Chile siempre existe el chaqueteo, decían que era una torta de novios, pero es una propiedad única. Con ella partieron las tremendas casas de peluquería que se instalaron alrededor y siempre llamó mucho la atención. Hay vecinos que me han dicho que el día que se venda ojalá no la destruyan, porque es el único inmueble de estilo que queda. El sector está lleno de edificios», confidencia.
¿Por qué venderla?
«Mira, hay sentimientos encontrados y da mucha pena. La determinación la tomé hace dos años, este es un espacio muy caro de abastecer y mantener y no estoy en condiciones de hacerlo. Pato me dijo que si se moría antes, vendiera la peluquería porque yo tampoco tendría la capacidad de sacarla adelante por todo lo que conlleva. Y tenía mucha razón. Uno tiene que tomar otro rumbo, la casa se venderá a quien le interese comprarla».
También hay un tema tributario en juego: Araya debe pagar el impuesto a la herencia.
«Es enorme y no tengo ese dinero. Me falta solo cubrir eso para obtener la posesión efectiva. Según la gente que entiende del rubro inmobiliario, se puede llegar a un trato con una promesa de compraventa que implique un adelanto del pago y así, con ese dinero, cancelar el impuesto y avanzar con la venta», explica.
Para solventar el costo de las contribuciones de la propiedad, de 420 metros cuadrados, hizo un convenio con el Servicio de Impuestos Internos (SII).
«Cada cuota sale arriba de $1.000.000. Yo ya soy adulto mayor y las tengo atrasadas. He podido pagar de a poco y en el SII me han atendido súper bien», añade.
¿Eso lo pone nervioso también?
«Estoy en modo paciente inteligente por la situación, porque si me impaciento y me altero, las cosas no resultan. Aprendí mucho de esa cautela que tenía el Pato para todo. La vida continúa y hay que dar vuelta la página».
¿Ha tenido interesados?
«Sí. Vinieron unos extranjeros, hicieron unos videos, les gustaba la zona y pensé que iba a resultar, pero pasaba el tiempo y no decían nada. Pregunté y me dijeron que desecharon la idea de comprar en Chile por el tema de la delincuencia, aunque en esta casa nunca ha pasado nada porque hay seguridad permanente y los vecinos siempre están pendientes. También vinieron a verla para que fuese un hogar de ancianos de una embajada, pero no les quedaba cómoda porque el segundo piso está diseñado sin puertas para que circule la gente».
¿Es negociable el valor?
«No, el precio al que está es lo que yo quiero, no me interesa que me vengan a decir: Te ofrezco tanto. Pensarán que la estoy vendiendo por necesidad y es cierto, pero tampoco por necesidad voy a aceptar una chaucha. Tampoco he querido colgar un letrero afuera que diga que se vende, porque por acá pasa mucha gente que después te llama para preguntarte qué pasó y yo necesito que aparezcan reales interesados en comprarla».
Hay muebles, espejos, lámparas, ¿los tiene a la venta?
«Voy caso a caso, ofrezco las cosas de Pato puntualmente. Por ejemplo, tengo toda la colección de revistas y libros de peluquería de Pato en venta, por si hay estudiantes que se interesen. Tengo muchas cosas aún».
Impuesto a la herencia
López prefiere guardar el monto de su impuesto a la herencia. Este cobro se aplica sobre todos los bienes que se heredan, se valoriza en Unidades Tributarias Mensuales (UTM) y es progresivo: es decir, mientras más alto es el valor del bien, mayor es el gravamen.
En el caso de un bien raíz, la tasa es de 1% para aquellos con avalúo fiscal de 960 UTM ($66.494.400) y escala hasta 25% para los que cuesten 14.440 UTM ($1.000.186.600) o más.
Matías Pascuali, director del Centro de Derecho Regulatorio y Empresa de la Universidad del Desarrollo, explica que a este monto se suma una tasa según el grado de parentesco con el fallecido.
«Los familiares más cercanos (cónyuge, pareja con acuerdo de unión civil e hijos) están exentos. A medida que ese lazo se aleja (sobrinos, nietos, bisnietos), la tasa es más alta. Llega a 40% de recargo en caso de personas que no son parientes», detalla.
Patricio Gana, director ejecutivo de AK Contadores, le pone números a la explicación. Una propiedad con un avalúo fiscal de $1.000.000.000, equivalente a 14.437 UTM, recibe una carga tributaria del 20% del valor (2.887 UTM).
«Luego, la ley establece una reducción del monto según el tramo, que en este caso corresponde a 1.166 UTM. En el caso de un cónyuge, el total a pagar por una casa de $1.000.000.000 sería 1.721 UTM, es decir, unos $119.209.303», calcula.
Por eso, añade Gana, las personas de alto patrimonio buscan fórmulas para traspasar sus bienes antes de fallecer y evitar esa carga a sus herederos.


