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Ricardo Martínez
La patada de Jhendelyn Núñez a Daniella Chávez me recordó una película que vi el otro día. Era «American Pie: el reencuentro» y con ella reparé en la cantidad de filmes estadounidenses sobre encontrarse con los ex compañeros de colegio muchos años más tarde. La dinámica siempre es la misma: el nerd al que nadie pescaba que se hizo millonario con un negocio tecnológico o la porrista que se quedó pegada en su primer amor.
En todas aquellas historias da la sensación de que los amores, los desamores y las rivalidades de la escuela no se superan nunca. Claro, porque volver a encontrarse con los viejos compañeros o las viejas compañeras de colegio lo pone a uno en la fuerte situación de contar su vida: ¿qué fue de mí luego de salir? ¿cumplí mis sueños? ¿fui quien quise ser?
La socióloga Vered Vinitzky-Seroussi, en un artículo para «Qualitative Sociology» del año 2000 se pregunta sobre estas cuestiones, y se responde que lo que ocurre con los reencuentros es que estos son profundamente autobiográficos y nos enfrentan con nuestros fantasmas del ayer, al tiempo que permiten recrear las estructuras escolares (donde estaban los exitosos, los mateos, los quitados de bulla) más que quizá cualquier otro encuentro social posible, rivalidades incluidas.
Así, muchos simplemente evitan estas instancias y nunca vuelven a encontrarse con los ex compañeros, por el gran temor a tener que revivir a veces cosas que quisieron dejar en el pasado. Como dice Roberto Merino, es la pesadilla de que nunca hemos salido del colegio.


