Un psicoanalista, una cuenta de memes y un exheladero en Manchester explican por qué elegir estación dice mucho de cada uno
La batalla ya se instaló: videos, encuestas, hilos.Lo que parte como broma termina en argumentos sobre horas de sueño y elección de outfits.
En Santiago el calor no se fue de a poco. Se cortó. Una mañana soleada se transformó, en menos de una semana, en tardes con olor a humedad y ese clásico «no sé qué ponerme» de los entretiempos. La temperatura bajó, la ropa cambió y en paralelo reapareció el conflicto estacional: veranistas vs inviernistas. No es una pelea nueva, pero cada año vuelve con memes, posteos cruzados y una convicción que suele reservarse para elecciones presidenciales.El enfrentamiento ya está en curso. En TikTok, en hilos de Reddit, en historias de Instagram. ¿Quién tiene la razón? ¿Quién sufre más?
Juan Undurraga se declara veranista. Es chileno y vivió en Manchester, una ciudad que, según Weather Spark, tiene 142 días de lluvia al año, casi el 40% del calendario. Trabajó en una heladería, «Zizos Gelatos», lo que no es menor si uno considera la cantidad de humedad emocional que se acumula al servir pistacho artesanal bajo una llovizna inglesa.
«No se disfruta de igual manera», dice Juan, que prefiere la playa. «En invierno también se puede ir, pero no es lo mismo». Lo suyo no es solo nostalgia solar: se trata de movilidad, de panorama posible, de logística. «Cuando hay buen clima es raro que alguien te diga no voy a ir porque hace mucho calor, lo que sí pasa cuando hace frío». Para él, el verano mejora la ciudad. Menos tacos, menos excusas.
Pero el otro bando no se queda callado. Manuel Ugalde, sicoanalista y magíster en Pensamiento Contemporáneo, lo tiene claro desde niño: «Siempre me ha gustado el frío: tiene una atmósfera y un temple más calmo, que invitan a la introspección, a la lentitud». Para él, el verano tiene algo de exposición obligada. El invierno, en cambio, no es solo una estación; es una forma de estar en el mundo sin tener que explicarse demasiado.
Qué me pongo
La ropa también es un punto. «Las capas sugieren que siempre hay algo escondido, algo secreto. Dejan una cierta intimidad enigmática en la oscuridad», dice Ugalde, co-conductor del podcast «Charlas en un Pueblo Fantasma», junto a Edo Caroe. Afirma que el vestuario no es ornamento. Es refugio. «Cuando era chico, me hacían bullying por ser obeso, y de alguna forma la ropa me sirvió como una suerte de escondite para mi corporalidad», revela.
En un punto intermedio, o más bien en un tono propio, aparece @jabieramena, página chilena de memes con culto pop. También del lado invernista, pero por motivos distintos. «Prefiero el invierno porque se vuelve más socialmente aceptable dormir y estar en la cama la cantidad de horas que a mí me gusta», cuenta la administradora de la cuenta. Diez horas, por si alguien pregunta.
La frase suena como un chiste, pero no lo es. Tiene sentido en un mundo donde dormir poco es prestigio y salir mucho es capital simbólico. «En verano me acuesto a las ocho de la tarde y la gente cree que estoy deprimida. En invierno no es tan cuestionable», revela @jabieramena.
A la hora de explicar por qué este conflicto genera tanta pasión, lo resume con más lucidez de la que parece: «Estamos un poco obsesionados con buscar cosas que nos definan y aporten elementos a nuestra aura, lore, etcétera».
Lo que para unos es temperatura, para otros es estética. Para algunos, logística urbana; para otros, memoria afectiva.
Mientras tanto, la Dirección Meteorológica anticipa una semana sin tregua: mínimas bajo los 10° y máximas cercanas a los 28°. El sábado se va el sol y llega la primera jornada nublada. El clima, como el debate, sigue sin decidirse del todo.


