Ejemplar de Los triunfos de Petrarca, hecho de papel de trapo, fue publicado en 1484
El material de las hojas aumenta el riesgo de que sufra daños causados por agentes biológicos, explica experta.
En una bóveda especial, rodeado de otros artículos históricos, a una temperatura entre 18 y 22 grados, con una humedad relativa del aire que oscila de 40% a 55%: así permanece protegido en la casa central de la U. de Chile un libro que tiene más de 500 años, el más antiguo que conserva la universidad. Se trata de «Los triunfos de Petrarca», análisis de la obra de este filósofo italiano, padre del humanismo, escrito por Bernardo de Illicino y publicado en Venecia en 1484.
«Tenemos el libro dentro de una caja de conservación hecha con materiales libres de ácido, que lo protege para que ningún elemento externo lo afecte», explica Loreto Millar, conservadora y restauradora del Archivo Central Andrés Bello, que por estos días cumple 30 años.
No es para menos, considerando que se trata de papel confeccionado a mano, con un método artesanal. «Está fabricado de trapos», asegura la experta. «En algún momento las materias primas se hacen escasas en Europa, entonces los maestros papeleros descubren que pueden usar los desechos textiles que quedan de la ropa de la personas: los convierten en pulpa y con ello hacen finalmente las hojas», agrega.
Se logra evidenciar que es la llamada pasta de trapo por la textura. «Es como un poco algodonosa, muy suave. Además, cuando uno mira las hojas a contraluz se ven unas marcas transparentes, verticales y horizontales, que hablan que se ocupó un tipo de bastidor metálico para hacer las hojas, que tenía tramas y esas huellas van quedando en el papel», comenta.
Debido a que se trata de materiales orgánicos, los libros incunables -es decir, los que se editaron en los primeros años después de la imprenta, que se inventó en 1453- son susceptibles de ser atacados por agentes biológicos. En este caso, el ejemplar ha sufrido daños producidos por los llamados pececillos de plata.
«Son pequeños insectos que se comen el papel. Lo interesante es que, a medida que van atacando el libro, van creando túneles», señala.
«Ese túnel está presente en el incunable de Petrarca y es muy normal en los libros de este nivel de antigüedad y hechos de este tipo de papel. Este pececillo de plata podría haber sido de 200 a 300 años atrás: por suerte el daño que dejó fue mínimo, no afectó mayormente la lectura del texto», aclara.
Cada cierto tiempo el volumen es sometido a limpieza preventiva. «Retiramos el polvo, revisamos las hojas, la encuadernación, comprobamos que no haya presencia de hongos o algún insecto», detalla la bibliotecóloga.
Capitulares a mano
El texto, que carece de signos de puntuación y números de página, llegó a la universidad gracias a una donación que realizó Pablo Neruda en 1954.
Otra de sus características son las letras capitulares o capitales -las de gran tamaño que inician un párrafo- hechas a mano. «Se utilizan para darle armonía al texto y hacer menos tediosa la lectura. Estas capitulares están pintadas con tinta de color rojo. En otros libros de la época tenían colores dorados o dibujos. Se las conoce como letras iluminadas», aclara la experta.
¿Quiénes pueden ver «Los triunfos de Petrarca»? «En el caso de que un usuario quiera consultarlo puede hacerlo; tiene que agendar una visita y lo que hacemos en el área de conservación es entregarle una breve inducción, donde le indicamos los cuidados que debe tener, el uso de guantes, cómo lo tiene que abrir, cómo manipularlo para que, en el fondo, este material patrimonial y valioso pueda ser consultado por la comunidad en general, siempre cuidando que esté en buenas condiciones», concluye Loreto Millar.
Los bibliotecólogos son los profesionales que habitualmente trabajan con tesoros documentales. Según el portal Mifuturo.cl del Mineduc, la carrera de Bibliotecología se puede estudiar en la U. Alberto Hurtado, la U. de Playa Ancha, la UTEM y la Uniacc.


