Tanza Varela muestra su nueva figura: se sacó los implantes de silicona

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Soy mucho más feliz, asegura la hoy empresaria radicada en México hace 11 años

Además, habla de la pérdida de su guagua, en 2022: Ningún doctor me dio una explicación concreta, recuerda.

Hace un mes, Constanza Varela (32) se quitó los implantes mamarios que tuvo durante más de una década y con eso dio un paso clave en un proceso que comenzó en mayo de 2022, cuando perdió a la hija que esperaba junto a su marido, el director de cine Matías Bize (juntos son padres de Diego).

«Dejé de creer en la medicina tradicional, me peleé con los doctores. Sentí que perdí a mi hija en manos de eminencias», confiesa hoy Constanza, en una de sus primeras declaraciones sobre un tema personal y doloroso. Y lo hace porque quiere que su experiencia sirva a otras mujeres que han sido víctima de malas prácticas en cirugías estéticas.

«Ningún doctor me dio una explicación concreta (sobre la interrupción del embarazo), sentí que a nadie le importó. Así que empecé una búsqueda propia: quería saber si yo estaba haciendo algo mal. Y buscar en mi propio cuerpo, porque sentía que me estaba enfermando», cuenta Tanza.

«La pérdida de Rosa me trajo muchas reflexiones positivas. Fue una pequeña maternidad que me dejó decisiones en mi vida: pude ver más adentro y cambié muchas cosas. Fue una pérdida mágica, muy linda. La maternidad no te la dan sólo los hijos que están con uno», dice, sobre cómo ese triste hecho derivó en su propia sanación.

«Tenía un dolor de espalda diario, en el brazo izquierdo desde el cuello a la muñeca. Estaba angustiada; había días que no lo pasaba bien», describe. Tras visitar a especialistas como cardiólogos y reumatólogos y hacerse múltiples exámenes, un doctor dio con la clave: todo tenía que ver con los implantes mamarios, que se había puesto hace siete años, también en México.

Varela tenía Síndrome de ASIA, por la sigla en inglés de Síndrome Autoinmune Inducido por Adyuvantes, que es una reacción autoinmune o inflamatoria del cuerpo ante el contacto con una sustancia extraña.

«Mi cuerpo estaba saturado y, al estar embarazada, hago un poquito responsable a los implantes por la pérdida de Rosa», afirma y recuerda: «Mis primeros implantes me los puse a los 21 años (hace 11 años) y me encantaban, era muy feliz. Las mujeres nos ponemos por inseguridad: primer error».

Cuatro años después intentó hacer un ajuste de esos implantes. «Cometí el segundo gran error, que fue ir con un par de cirujanos en México que no estudié mucho». Cuando despertó de esa cirugía, dice que se sentía como Pamela Anderson: «Me habían puesto 120 cc de silicona más en cada busto. Nunca quise ese volumen», dice. «Cargué mucho peso, que al cuerpo no le corresponde cargar: me sentía mal, perdí a mi hija, me dolían las axilas, me dolía al hacer pilates, al dormir», enumera.

Finalmente, en enero de este año, con el médico Isaac Balley (@baleycirugiaplastica en Instagram), Varela eliminó todo vestigio de silicona. «El doctor me ofreció cambiarlos por unos más chicos, pero yo busco liberarme de cualquier cosa que no me haya dado Dios. No quiero ningún tipo de plástico, porque lo pasé mal».

Liberarse de los implantes, dice, le cambió la vida: «Soy mucho más feliz: sentí que había perdido mi creatividad, porque estaba opacada de dolor. Me siento bien, con adrenalina. Es volver a estar liviana. Volvió la seguridad a mi vida: me siento más guapa, bonita, libre, creativa».

Su vida en México

Varela dice que se quedará a vivir en México «por lo menos 10 años más. Disfruto mucho vivir acá, porque nadie me mira», dice en tono alegre, aludiendo a esos años de realitys y polémicas, que ella decidió dejar atrás en el país norteamericano. Y aunque en 2014 logró ingresar a la exigente Academia Televisa, eso también era parte de un pasado que no quería repetir, así que renunció. «Me había ido de Chile arrancando de la onda mediática. No quería participar más de ese mundo. Y estudiar en Televisa me iba a llevar finalmente a eso».

A cambio, estudió diseño en Torreón, al norte de México, lo que le permitió desarrollar su lado más creativo. Actualmente lidera una empresa de muebles para niños llamada CosmoKids, que, dice, la hace plenamente feliz. «Estoy viviendo en México hace 11 años. Todos los días echo de menos Chile, pero tengo una vida armada acá, un hijo mexicano. Estoy enraizada».

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