El caso de la senadora Camila Flores alerta sobre los riesgos de digitalizar la vida cotidiana
Especialistas en finanzas explican que esta es ladeuda más cara porque es la que está disponible con mayor facilidad. La segunda en la lista de urgencias es el interés rotativo de la tarjeta.
La difusión de videos privados de la senadora Camila Flores, captados por la cámara de seguridad que instaló para cuidar a su hija a la distancia, puso en alerta a quienes tienen estos sistemas y ven expuesta su privacidad a quien quiera que acceda al circuito.
La parlamentaria denunció que el material fue obtenido de manera ilegal y apuntó a su exmarido, Percy Marín, quien negó haber divulgado las imágenes y agregó que tiene acceso a las grabaciones tal como las cuidadoras de la niña.
Según analistas del sector, cada vez más personas instalan cámaras de seguridad en el interior de sus hogares para vigilar a los hijos o las mascotas, sin tener en cuenta que en cualquier momento esas imágenes se pueden filtrar.
Hasta ahora, no existe garantía de que terceros puedan acceder a sistemas que se manejan de manera remota.
«El error de fondo es tratar la cámara de seguridad como un electrodoméstico y no como lo que es: un computador con lente conectado a la red», dice el especialista en transformación digital y ciencia de datos Ricardo Seguel, académico de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Adolfo Ibáñez.
A su juicio, la seguridad y la intimidad sí se pueden conciliar.
«El problema del caso de la senadora no fue que existieran cámaras, sino hacia dónde apuntaban. El living es un espacio de vida familiar, no un perímetro que vigilar. Y ahí está la lección técnica de fondo: una cámara mal ubicada deja de ser un sistema de protección y se transforma en un arma que puede usarse en contra de uno mismo», sostiene.
Coincide el especialista Patricio Campos, fundador de Resility CyberSOC, empresa de monitoreo en ciberseguridad.
«La pregunta correcta no es si usamos una cámara o no, sino qué parte de mi vida estoy dispuesto a digitalizar, porque todo lo que se digitaliza se puede filtrar. Ponemos una cámara para sentirnos más seguros y terminamos abriendo una ventana hacia nuestra casa. Grabamos en el living o en el dormitorio, que son espacios donde uno baja la guardia. Son justamente los que no deberían estar conectados a internet sin control», sentencia.
Para resguardar el contenido, el primer consejo de los especialistas es entregar accesos a las grabaciones a un grupo muy reducido de personas.
«Y revocarlos cuando cambia el círculo de confianza», dice Seguel.
Claudio Álvarez, doctor en Ingeniería y profesor de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de los Andes, especifica que cada usuario debe tener su propia cuenta y no usar una compartida.
«Se pueden dar permisos mínimos por perfil, como que pueda ver en vivo, pero no descargar, borrar o compartir grabaciones. Además, conviene activar registros de acceso o notificaciones de inicio de sesión», precisa.
Campos recomienda instaurar la rutina de revisar los permisos entregados al menos cada tres meses.
«Hay que hacerlo coincidir con algo que uno ya hace como el cambio de estación o el pago de una cuenta fija para no olvidarlo», aconseja.
Las cámaras de buena calidad, añade, incluyen aplicaciones que incorporan un historial de accesos.
«Muestran qué dispositivos se conectan, desde dónde y a qué hora. Si aparece un teléfono desconocido, es una alerta roja. Y siempre hay que activar la doble autentificación. Eso significa que, aunque alguien te robe la contraseña, no puede entrar sin un segundo código que llega solo a tu teléfono», afirma.
Hay que estar alerta, dice Seguel, porque buena parte de las filtraciones no ocurren por un hackeo sofisticado sino por un video que se descargó al teléfono y después se reenvió a un tercero.
«El eslabón más débil vuelve a ser el factor humano», sentencia.
Tener una clave de acceso robusta es otro ítem de importancia. Uno de los errores más comunes es que se mantienen las contraseñas de fábrica o se cambian por unas muy débiles o predecibles.
«Hay buscadores en internet donde cualquiera puede encontrar miles de cámaras abiertas en el mundo, transmitiendo en vivo, sin que el dueño lo sepa», comenta Campos.
¿Y la red wifi?
El registro de las cámaras es más seguro cuando se almacena en una tarjeta o disco en la propia casa, pero la mayoría de la gente elige la nube para acceder a las imágenes en vivo desde su celular o computador.
Quienes quieran mantener esa conexión vía internet deben procurar que sea a través de una red de wifi propia y separada de las que usan los otros dispositivos de la vivienda.
«Hay que tener un proveedor confiable, con la información cifrada, doble factor de autentificación, cuentas separadas y eliminación automática de la grabación», detalla Álvarez.
Respecto a cuánto tiempo almacenar las grabaciones, Seguel explica que solo hay que grabar lo necesario y conservarlo el menor tiempo posible.
«Para una vivienda, retener las imágenes entre siete y 30 días con la opción de borrado automático suele ser más que suficiente. Mientras menos material almacenado haya, menor exposición cuando algo falla», señala.


