Cuando ayer Katherine Salosny, cerrando el «Buenos días a todos» le entregó simbólicamente las llaves del programa a su sucesora durante sus vacaciones, Carolina de Moras, aquello me resultó lo más parecido a Rodrigo Herrera prestándole plata a Mauricio Israel. La ingenuidad en persona.
Salosny se equivocó medio a medio si pensó que designando en su lugar a una modelo que tiene a su cargo una sección de datos de moda y muestra picadas para las dueñas de casa no corre riesgo de sufrir a su regreso todo el rigor del efecto Melipilla.
Por si no se ha dado cuenta, De Moras no tendrá el oficio y sentido del espectáculo de Raquel Argandoña, pero es encantadora, tiene el suficiente porte para no parecer un aditamento del espigado Camiroaga (por no decir llavero) y por si todo lo anterior fuera poco, no se prestará para esas desagradables dinámicas en que lava trapitos sucios con su ex en cámara. Entre otras cosas, porque ella no pololeó con Felipe (a estas alturas, condición sine qua non para trabajar en términos relajados con el Halcón en TVN). En síntesis, Katherine hizo exactamente lo peor que se le pudo ocurrir.
Aunque sea conocida en el medio del modelaje, Carolina es un rostro fresco para la pantalla chica, para el televidente de a pie. Recordemos que una ex colega suya, de apellido Tomicic, no era la gran estrella de la TV cuando le ofrecieron asumir la conducción de este matinal. Había estado en «Combinado nacional», «Pase lo que pase» y «La gran sorpresa», pero no mucho más.
No sé en qué estabas pensando, Kathy, pero lo que haya sido fue lo que en sicología llaman un acto fallido, una triquiñuela de tu subconsciente para hacer algo que en verdad deseas provocar. Seguramente estás cansada de estar todas las mañanas recordando ante todo Chile un pololeo pichiruchi de los '90. Eso agota a cualquiera.


