Vecinos de Mauricio Redolés dan la cara: «Pedimos disculpas, pero las fiestas terminan a las 12»

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Una actividad realizada en el Centro Comunitario Casa Rota, del Barrio Yungay

Eso sí, Tomás Soto, miembro del equipo delcentro comunitario Casa Rota, dice que han hecho cinco fiestas en el año y no hasta la seis de la mañana.

Tomás Soto, arquitecto y miembro del equipo del Centro Comunitario Casa Rota, en el Barrio Yungay, dice que quedó asombrado y desilusionado con el reclamo de Mauricio Redolés.

El músico contó que en esa casa, al lado de la suya, hay una discotheque clandestina que hace fiestas que terminan a las seis de la mañana y que vende alcohol a los participantes.

«Estoy directamente vinculado con los dueños de la propiedad. Por lo tanto, es falso lo que dice Mauricio de que es una toma, que es lo que más nos dejó para adentro. Hemos tenido acercamientos con él desde hace dos años. Estamos habitando la casa desde un poquito antes de que se quemara, pero voy ahí desde que soy niño», explica Soto. Dice que tiene el título de propiedad de la casa y que ingresó en la Municipalidad de Santiago un proyecto para restaurarla.

Admite que ha habido fiestas, pero asegura que no son reiteradas y que no terminan tarde. «Obviamente pedimos disculpas y nos encantaría otra vez hablar personalmente con él, que ya lo hemos hecho: si ha pasado, han sido cinco veces en el año y nunca hasta las seis. La única vez que estuvimos hasta las seis, y lo reconozco, fue el Año Nuevo del año pasado, que era una fiesta privada. El vecino de al lado tenía unas bachatas a la misma hora», cuenta.

El equipo de la Casa Rota, cuenta Soto, conoció a Redolés cuando estaban remodelando la vivienda de Rafael Sotomayor 643. «Supimos que Mauricio era vecino cuando estábamos haciendo arreglos en la casa, cortando con una sierra. Esto estaba generando ruido, me imagino, y salió Mauricio a mirar por su pandereta. Mauricio como que no pescó mucho», recuerda. «He ido a la casa de él. Me ha prestado escaleras, limpiamos nuestra canaleta que da a su casa. Así partimos y por eso queríamos tener vínculos con él», explica.

Cuenta que querían invitarlo a que tocara en el centro comunitario. «Admiramos a Mauricio», afirma. Al menos intercambiaron números de teléfono. «Nos han entrado a robar un montón de veces, cuando recién estábamos remodelando la casa, y Mauricio o su pareja nos llamaban por teléfono en la noche para alertarnos», cuenta.

Recuerda que el centro comunitario conversó con Redolés hace unos meses y respetó lo que él propuso: que cualquier actividad terminara a las doce de la noche. «Llegamos a un acuerdo, ponte tú, un miércoles y el viernes siguiente, que teníamos una tocata pro fondos de un artista, llamó a las ocho de la tarde, súper violento», dice. Según Soto, Redolés conversó por teléfono con una mujer del equipo del centro y le dijo que iba a llamar a Carabineros. «De ahí en adelante quedamos en una parada entre desilusionados y, no sé si enojados, pero, pucha, tratamos de tender puentes. Pensamos que había un acuerdo que él mismo había suscrito, pero lo desconoció. Igual nosotros seguimos haciendo las tocatas hasta las doce», reconoce.

Redolés dijo que la gente del centro comunitario comenzó a hostigarlo justo después de que él conversara con el jefe de Seguridad de la Municipalidad de Santiago. «No tenemos cómo saber que él habla con quien habla o que manda mails. Igual leí eso y es como demasiado. Son películas que se está pasando».

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