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Autor de la Foto: HECTOR ARAVENA
Título/Pie de foto: Los choferes dicen que falta seguridad en los andenes.
Empleados del tren subterráneo reclaman más seguridad para los choferes
Un sujeto entró hasta la cabina de mando del carro y se tiró sobre ella. Al escuchar sus gritos, algunos pasajeros la ayudaron.
Valentina Espejo
Eran las 20 horas del viernes 13 de febrero. Ya se acababa la jornada laboral para esta conductora de la línea 5, de 30 años.
Cuando llegó a la estación Santa Isabel, se asomó para ver que todo estuviera en orden y cerrar las puertas del coche, cuando un hombre de unos 25 años ingresó a su cabina a la fuerza.
«El tipo entró y la agredió. Cuando la colega gritó, llegaron varios pasajeros a socorrerla y a él lo redujeron», cuenta Gabriela Osorio, también conductora de la línea 5.
«La excusa fue que la quería abrazar», agrega Ricardo Flores, otro conductor de la misma línea.
Jorge Valdés, colega y cercano a la conductora, le escribió por Facebook para saber cómo está.
«Me contó que ahora está bien, pero con los moretones del forcejeo y un susto terrible», dice.
Lo que le pasó a esta trabajadora motivó la protesta del sindicato de conductores del Metro, quienes este jueves estuvieron en la estación Baquedano con lienzos, pancartas y haciendo sonar vuvuzelas.
Exigen espejos en todas las estaciones de la red (para poder ver hacia el andén), personal de seguridad en los puntos de detención de los trenes y un botón de pánico en las cabinas de los conductores.
En un comunicado la empresa consignó que «nos estamos haciendo parte presentando una denuncia contra quienes resulten responsable del ataque contra una de nuestras conductoras el pasado viernes».
Además anunciaron mayor dotación de personal de seguridad y un refuerzo de la presencia de Carabineros.
Fabián Pizarro, representante de los conductores, comentó que el agresor tiene otra causa judicial pendiente. En tanto, la conductora agredida aún se mantiene con licencia médica.
«Dice que está bien, pero con moretones del forcejeo y un susto terrible»
Jorge Valdés, colega de la conductora
Choferes cuentan sus historias: vías electrificadas y agresiones por cerrar la puerta
Verónica Escobar, 27 años. «Llevo tres años trabajando en Metro. El año pasado me tocó un grupo de barristas de Colo Colo en el primer carro, justo atrás de la cabina. Saltaban y decían groserías, insultándome mientras yo tenía que estar pendiente de la conducción y de los demás pasajeros. Me exigían que apurara el tren y me golpeaban la parte de atrás de la cabina».
Orlando Pizarro, 43 años. «Una vez un pasajero activó el freno de emergencia en la estación Parque O'Higgins. En el carro iban dos hombres discutiendo y uno de ellos sacó un cuchillo cocinero. Me costó mucho informar a la central, por problemas de comunicación. Cuando el tren paró, la gente salió corriendo del carro, era un caos. Había familias y niños, y sólo un jefe y guardia de seguridad de edad avanzada en la estación. Así que yo obligado salí de la cabina y con la ayuda de la gente, pudimos reducir al sujeto, cuidándonos del cuchillo y los combos».
Rodrigo Torán, 32 años. «El miedo está todos los días; en las estaciones terminales de todas las líneas hay que ir a guardar los trenes y uno tiene que transitar por el túnel, por un camino demarcado, al lado de las vías energizadas (electrificadas). El único implemento de seguridad es una chaqueta fluorescente para que los otros conductores te vean y no te pasen a llevar. ¿Pero si no te ven y te arrollan o al esquivarlos te electrocutas?
M arlis Rodríguez, 25 años. «En la estación Neptuno hay una cochera donde se guardan los trenes. Ahí hay un enlace entre los túneles que hay en las vías, al lado de la autopista. La semana pasada, guardaba un carro cuando veo a cuatro sujetos que saltan a las vías y llegan a rayar el tren. Llamé a la central y me dijeron que esperara la llegada de carabineros. Me asusté porque uno no sabe si andan armados o te harán algo porque los viste haciendo la maldad».
Álex Pozo, 38 años. «En la estación Santa Ana, en el área para combinar a la línea 2, la cabina del tren queda muy cerca del ingreso de los pasajeros. Ahí me han lanzado escupos, me han ofendido, incluso me han lanzado latas de cerveza. Esa cercanía se presta para recibir insultos por parte de los usuarios. Te agreden porque cerraste las puertas o porque no los esperaste».


