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Título/Pie de foto: Los pescadores temieron llevarse también un coletazo, pero no sucedió.
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Rolando Martínez grabó a un cetaceo cabeceando su embarcación
Andaba con un grupo de colegas buscando bacalao frente a Lebu cuando pasó todo. Como tenía el celular a mano, se puso a grabar.
Luis Gajardo
Sábado 14 de febrero. Son casi las cinco de la tarde y Rolando Martínez, 42 años, pescador de Lebú, región del Bio Bio, está junto a sus 6 compañeros del bote pesquero «Lago Genesaret» aproximadamente a unas 30 millas (unos 55 km) mar adentro frente a la ciudad de Valdivia.
Están haciendo hora. Anclados esperando que se detengan los vientos de 30 nudos que hacen imposible continuar con la pesca de bacalaos.
Entonces, una pequeña cría de cachalote se acerca a la embarcación. Martínez se apura en sacar su celular para tomarle una foto. Poca idea tenía entonces que estaba a punto de suceder algo que jamás en sus 21 años como pescador artesanal le había ocurrido.
Un cachalote adulto, cuya longitud Martínez cifra al ojo en 12 a 14 metros (pueden llegar a medir 20 metros y pesar 50 toneladas) está a un par de minutos de chocar, de darle un cabezazo al «Lago Genesaret», embarcación de 16 metros de largo y casi 6 de ancho.
«Empecé a grabar cuando vi a lo lejos nadando en dirección hacia nosotros un cardumen de cachalotes, eran como tres. Empezamos a lesearlos para que se alejaran porque no había peces».
Explica el biólogo marino Carlos Cortés, que es normal que estos animales, que son cazadores, se acerquen a los pescadores, porque básicamente andan en lo mismo. «En efecto», dice Martínez, aunque cuando les toca compartir espacio de pesca, los cachalotes no se acercan más allá de los 100 metros. «Cuando vimos que uno de ellos, el más grande, venía en línea directa hacia nosotros, nos empezó a dar risa. Pero risa nerviosa. Después fue puro miedo».
Dice que dio un salto hacia atrás. Que el cachalote se metió debajo de la lancha y luego apareció por el otro lado.
«Ahí me entró el pánico. Pensé que podía pegarnos un coletazo y ahí sí que no la contamos. Hubiera destruido la embarcación».
Pero no fue así. Y posiblemente gracias a eso Martínez está contando esta historia. Dice que el mamífero marino siguió su camino en línea recta levemente aturdido por el impacto.
«Cuando pasó recién volví a respirar. De verdad que en esos segundos entre que nos chocó y gritamos, hasta que pasó por debajo y se fue, se me paralizó el corazón».
Después fue todo pura risa. En el sector de literas de la lancha estaban los otros tres pescadores. «No nos creían. Cuando les mostramos el video uno dijo que casi nos convertimos en una versión moderna de Moby Dick».
El biólogo marino y documentalista Carlos Cortés complementa: «El caso de Mocha Dick (el cachalote que hundió al ballenero Essex en 1820 en costas chilenas y luego inspiró la novela de Herman Melville que el pescador Martínez menciona) es el más emblemático caso de ataque de cachalote a una embarcación. En este caso no puede hablarse de un ataque, si bien cuando están con sus crías pueden volverse agresivas… lo que se ve en el video parece ser más bien un choque accidental».
Tres días después del choque por alcance entre el animal y el «Lago Genesaret», éste junto a su tripulación volvió a Lebu cargado de bacalaos y una anécdota épica: «La verdad es que se urgieron harto porque mi padre era pescador y murió en alta mar. Pero estaba ahí, sano y salvo, así que no pasó más allá de ser una experiencia increíble».


