Mauricio Cataldo (47) habla de su recuperación tras ACV que lo tuvo al borde de la muerte
Ex futbolista volvió a jugar en un equipo amateur de la Liga Amigos del Fútbol, en Peñalolén. No le miento, ando como espirituado, dice.
Pasó recién hace unas semanas. Mauricio Cataldo perdió el miedo y volvió a vestir de corto. En su cabeza siguen vivos los fantasmas y el doctor le insistió en que se vaya con cuidado, pero se armó de valor y se enfundó en la camiseta de Barcelona para saltar a la cancha como si nada hubiese pasado, en la Liga Amigos del Fútbol de Peñalolén.
‘No le miento, ando como espirituado, pero igual quise jugar. En la cancha todo se me olvida, ya he hecho dos goles. Incluso en uno me saqué al arquero, como en el baby, y todos se reían por cómo lo dejé y festejaban', relata el ex futbolista formado en Audax Italiano y a quien Claudio Borghi, cada vez que puede, lo recuerda como uno de los mejores jugadores que vio en Chile.
Cataldo hoy tiene 47 años. El 2 de octubre del año pasado sufrió un ACV y luego un infarto al corazón. Al borde de la muerte, un sobrino y Verónica, su madre, lo llevaron al hospital Padre Hurtado y luego al Sótero del Río.
Ahí le terminaron salvando la vida casi en los descuentos. ‘Se me durmió el brazo derecho y me vino un dolor acá atrás en la cabeza, que nunca había sentido. Fue lo peor que he vivido, incluso más penca que esos días en que andaba bebiendo alcohol. Hubo un momento en que ya no quería más', agrega el crack que pasó a la historia por el icónico gol de rabona que le hizo a Johnny Herrera cuando Universidad de Concepción eliminó a la U en los playoffs de 2003.
¿Le dijeron por qué le vino el ACV?
‘No, hasta el día de hoy no tiene una causa. Eso es lo peor, porque uno ahora vive con miedo. Más encima después me vino un problema al corazón, me metieron como una manguera por la pierna, porque tenía no sé qué cosa tapada'.
¿Quedó con secuelas?
‘Hace poco volví a hacer ejercicios. En la Muni de La Granja me dejan ir a un gimnasio y ahí hago bicicleta y algo de pesas. También estoy tomando como cuatro pastillas y con miedo a que me vaya a venir algo, porque siento cuestiones raras, me dan cosas. Dentro de todo, lo que me pasó fue muy raro, porque llevaba tiempo en otra, viviendo en Linares, sin beber alcohol y yendo a la iglesia'.
¿Pensó que se iba a morir?
‘Sí y había días en que le pedí al Señor que me llevara, porque era una cosa terrible, cosas que no sabía que se sentían. La verdad es que ya no daba más y como que el enemigo me tiraba para llevarme. Pero ahí fue cuando más oré y acá estoy'.
¿Cómo pagó todos estos gastos médicos?
‘En eso estoy, yo no recibo ayuda de nadie. Sólo vivo de lo que vendo. Ropa, zapatillas, porotos y longanizas, cualquier cosa que pillo la compro barata para después revenderla. También vendo perfumes y hasta ollas'.
¿De dónde saca esas cosas que vende?
‘Voy a lugares donde liquidan o a veces paso por tiendas como Zara, donde veo ofertas, y compro barato. Las ollas, por ejemplo, las encuentro en Meiggs'.
¿Desde cuándo tenía esa alma de comerciante?
‘De chiquitito. Yo era cabro chico y andaba con mi mamá vendiendo orégano. Y acá en la población siempre escarbábamos cosas en el hoyo, como un vertedero que había, para salir a vender fierros y chatarras. Después con el tiempo empecé a jugar a la pelota y me empezó a ir bien, pero lo de comerciante siempre lo tuve. Incluso cuando voy ahora a la LAF (Liga de Amigos del Fútbol) los cabros me ayudan comprándome cualquier cosa. Es que ahí no me pueden pagar por jugar, porque está prohibido. No como en otros lados, donde me pagaban 50 luquitas el partido y todo servía para sobrevivir'.
¿La gente lo reconoce?
‘Mucha y sobre todo por la rabona. Todos corrieron a abrazarme'.
¿Y la sigue haciendo, la rabona?
‘Sí, pero poco, porque la gente igual se enoja. A los cabros si le tiras una rabona se vuelven locos y te quieren sacar la cresta después'.


