El crítico culinario de redes sociales fue a Brasserie, su local en el Monticello
Alucinó con los choritos al vapor con papas fritas, pero despreció los caracoles. Ese plato la gente lo pide, asegura el chef francés.
«Las vueltas de la vida, en el reality me molestaste por mis platos de megda, y ahora, te la devuelvo». Con esa frase, y muy en su estilo, es uno de los últimos videos de Rodrigo Fernández, más conocido como Otakin, quien se dedica a hacer críticas culinarias de diversos locales y picadas por Chile en sus redes sociales (@otakin_antiinfluencer). Y ahora fue el turno de Brasserie, el restaurante del chef francés Yann Yvin que tiene en el Monticello de San Francisco de Mostazal. Durante meses fue el cocinero quien evaluó al creador de contenido como juez mientras compitió en el reality «El internado» de Mega.
Yann recuerda que la relación entre ellos no partió de lo mejor pues en una de las primeras pruebas del encierro, cocinando un charquicán, a Otakin se le saltó la tapa de una olla, lo hizo degustar y le salió un trozo de vidrio. «Había visto un poco de su contenido en su Instagram, esto que tiene (contra) las papas fritas de bolsa, como yo, porque las papas deben ser caseras. Yo no entiendo cómo Chile, teniendo la papa que tiene, casi el 90% de los restaurantes ofrece papas de bolsa», cuenta el francés, a quien le gustó ser juzgado «porque yo prefiero siempre que me digan la verdad y punto. Y él lo hace con su propio vocabulario. Otakin como cocinero tiene buen sazón y sabor, y como hace esto de probar platos y locales hace años, su paladar se ha afinado».
«Yo hago el trabajo de un cliente común y corriente, no hay que ser un gran chef para asistir a un restaurante de alta cocina», sigue Otakin, quien en esta vez probó y dijo los precios de: una olla con 500 gramos de choritos al vapor con papas fritas ($13.500), escargots (guiso de caracoles y champiñones con salsa de queso azul, $18.500), asado de tira (de 500 gramos cocido de 4 a 6 horas a temperatura baja) con puré de zanahorias ($27.000), y unos crepes Suzette (con jugo de naranja y coñac de naranja, $10.900). En el registro (https://acortar.link/oXJJ9J), Otakin dice que el plato de caracoles «malo no está pero sé que estoy comiendo caracol de jardín y saber eso no es muy rico que digamos. Si vienes a comer esto es para puro creerte, paladar para esto no tenemos».
En este último punto, Yann discrepa: «Los caracoles en Francia es un plato bastante del campo, algo muy humilde, nadie se cree la muerte comiendo caracoles, quizás la imagen en Chile es esa. El caracol es un poco como un trozo de loco, pero con sabor a tierra. No hay tanta diferencia, menos dentro de una salsa. Y es un plato que funciona bien porque en mis cuatro años con Brasserie nunca lo he sacado de la carta porque la gente lo pide. A Otakin no le gustan los caracoles, me lo dijo antes de servirle y yo le hice probar igual, fue un poco el juego». «Si es un plato humilde porque vale casi 20 lucas, no tenemos el paladar para eso. Es como darle charqui o pescada seca a un extranjero, no lo entendería», insiste Otakin.
El otro punto de inflexión fueron los crepes pues para el llamado antiinfluencer es que «tienen que ser con manjar, aunque es un show que te los cocine frente tuyo el chef de la tele». Yvin defiende: «Olvídalo, nunca voy a llenar un crepe con manjar, es imposible en mi cabeza, en mi cultura. La buena cocina siempre es un equilibrio, un balance entre el dulce, la acidez, el amargor. Es un postre más bien elegante, no es goloso como los crepes con helado de vainilla o manjar, como los celestinos».
A los otros platos, Otakin sólo les tiró flores por su buena cantidad y sabor, y remató con «volvería mil veces por los choritos» y que se sorprendió por los buenos precios, al igual que se lee eso en otros comentarios del video: «Creo que la gente creía que era mucho más caro y estaban esperando un monto arriba de $50.000», acota él.
«Tengo que cobrar lo que tengo que cobrar y tener la ganancia normal, no voy a sobrecobrar. Me gusta que mi restaurante sea lo más popular posible para que la mayor tipo de gente pueda venir a degustar este tipo de platos. No busco ser exclusivo, no ser el franchute que te va a pegar el palo. Además, la gente cree que acá son preparaciones muy pitucas, con platos grandes y con comida chica al medio, y no es así. Hay mucho prejuicio con la cocina francesa», defiende Yann.


