Fue un año estudiando ocho horas diarias, una locura. Casi nos echaron de la casa varias veces
Tras aprobar, Mauricio e Ignacio Pinto celebraron con un champañazo en la U. de Chile.
Mauricio Pinto de La Luz (53 años) entró a Derecho en la Universidad de Chile en 1992, pero no se tituló. Culminó sus estudios y se licenció después en España, en la Universidad de Deusto. «Siempre tuve la espina de no haber dado el examen de grado aquí en Chile», admite.
Más de tres décadas después, en 2025, su hijo Ignacio Pinto Godoy terminó la carrera en la imponente facultad de Pío Nono y debía rendir el examen de grado, la temida prueba oral frente a una comisión de tres profesores examinadores.
En ese momento su papá tuvo una idea. «Decidí solicitar la reincorporación a la carrera. Me la dieron y entonces nos pusimos a preparar el examen de grado juntos», recuerda Mauricio.
Además de los temas obligatorios -derecho procesal y civil- cada alumno elige un ramo voluntario para ser interrogado. En su caso, ambos escogieron derecho comercial enfocado en sociedades, un área no tan demandada, lo que determinó que terminaran dando el examen el mismo día y frente a la misma comisión.
«Convertimos la casa en un desastre de arriba abajo, porque todo era Derecho. En el comedor instalamos una pizarra de dos metros por un metro veinte, con dos computadores estáticos, más otro computador, más los libros. La casa fue un desastre durante el año entero que nos demoramos en preparar el examen», reconoce Mauricio.
Su esposa y su hija debieron soportar a los dos universitarios en pleno período de full preparación. «Fue un año estudiando ocho horas diarias, una locura. Casi nos echaron de la casa varias veces», asume.
Un amigo les recomendó un interrogador, experto que ayuda a preparar específicamente los exámenes de grado. «Estuvimos con Claudio Iturra, él nos acompañó en todo nuestro proceso», destaca Ignacio.
El examen
El día de la prueba varios alumnos esperaban rendirla. Por sorteo, Ignacio entró en segundo lugar a la sala de la comisión; su padre venía justo después.
«Me dieron mi nota, un 6,0, y quedé muy feliz, por supuesto. Cuando salí él estaba esperando para el examen, así que le di un abrazo y me fui de la sala. Teníamos un pacto de no comprar champaña, como es la tradición en el patio de la facultad, hasta que al menos yo aprobara. Así que después me fui a comprar y me perdí todo su examen», relata el joven.
Su padre cuenta cómo vivió ese mismo instante. «Después de su examen Rodrigo me dio un abrazo y un beso, y me empiezan a caer las lágrimas. Tenía que concentrarme para dar mi propio examen. Por suerte, daban dos minutos para ir a tomar aire y para ir al baño. Salí a la terraza, respiré un poco y volví a entrar», detalla.
Afuera corrían los minutos. Ignacio llegó a pensar que su papá había reprobado. «Estaba nervioso, pero después salió con cara de felicidad máxima. También se había sacado un 6,0. Nos dimos un abrazo ahí mismo, en la puerta de entrada», rememora.
«Había varias personas, todos aplaudiendo, porque cuando uno se saca un 6,0 todos aplauden. Dicen que el que no aplaude no pasa el examen de grado», complementa Mauricio.
Ya relajados, se dirigieron al patio de la facultad para abrir cada uno la tradicional botella de champaña.
¿Qué viene ahora? «Me falta todavía realizar la práctica, estoy postulando a la Corporación de Asistencia Judicial», cuenta Ignacio.
«Estamos viendo si después trabaja conmigo o en algún otro lugar. Somos muy partners, pero a ratos estaría bueno separar un poco los caminos», agrega Mauricio.
Claro, después de estar tanto tiempo estudiando juntos.
«Yo lo echo de menos ahora que no lo veo todo el día. Por supuesto que tuvo sus altibajos, en algún momento quisimos ahorcarnos mutuamente, pero en general estuvo muy bueno».
Carrera de largo aliento
Entre marzo de 2025 y febrero de 2026 se titularon 5.062 alumnos de Derecho en Chile, lo que la convierte en la cuarta carrera universitaria con más titulados, según los datos del Servicio de Información de Educación Superior (SIES).?También es una de las carreras con mayor duración en exceso: si bien la malla dura cinco años formalmente, en la práctica el promedio de los estudiantes obtiene su cartón cinco semestres después de haber egresado. ?Uno de los motivos es el extenso camino académico que deben seguir. Luego de terminar las clases tienen un plazo para preparar el examen de grado (en algunas universidades es un máximo de tres años), que otorga la licenciatura. Tras sortear esa prueba viene una práctica de seis meses. Y luego de cumplir todos esos requisitos recién se está en condiciones de obtener el título de abogado, que lo otorga la Corte Suprema.


