Rafa Olarra lleva varios días topándose con un zorro culpeo en su patio
Están bajando a zonas residenciales porque empiezan a encontrar en el humano una forma de alimentación a través de desperdicios, dice Ignacio Idalsoaga, director de Bioparque Buin Zoo.
Un visitante bastante particular se ha estado paseando durante los últimos meses por el condominio de Colina donde vive Rafael Olarra. Tiene cuatro patas, una frondosa cola y, según confirmó Ignacio Idalsoaga, director de Bioparque Buin Zoo, se trata de un zorro culpeo adulto.
El ex defensa de Universidad de Chile y actual comentarista de ESPN ya se ha encontrado tres veces con el animal. La última fue este mismo martes, pocas horas después de subir a sus redes sociales una fotografía del zorro instalado en el patio de su casa.
«Los avistamientos que te he mostrado ahora son como dos o tres ya. Es más, hoy día lo acabo de ver andando por el condominio. Es un condominio muy amplio, de casas muy separadas, entonces ellos tienen dónde esconderse. Hay muchos conejos, seguramente hay temas de basura en distintos lados donde ellos pueden bajar», cuenta el otrora futbolista.
La primera visita ocurrió aproximadamente hace un año. Olarra estaba solo en su casa cuando fue a buscar algo para comer y se encontró frente a frente con el inesperado vecino. «Fui a la cocina, me senté a comer algo y afuera de la ventana, que es una ventana grande que va del techo al piso, estaba un zorro ahí afuerita mirándome. Me asusté un poco. Me acerqué y se arrancó», recuerda.
La relación de Olarra con los zorros comenzó muchos años antes de instalarse en Colina. Cuando defendía a Audax Italiano, el equipo entrenaba en El Peñón, en el Cajón del Maipo, y una tarde vivió otro encuentro que lo marcó. «Soy bien temeroso, sobre todo de animales salvajes. Yo me había quedado hasta tarde entrenando y me encontré con uno. Entraba un haz de luz en un camino de tierra y me llamó la atención porque le entraba una luz justo a él, al zorro, un zorro culpeo de esos bonitos, muy café», relata.
El animal estaba a unos diez metros de su auto. Olarra frenó, abrió la puerta y se bajó para observarlo. «No se movía, no se movía. Me bajé del auto como para verlo más de cerca y, en un momento, el zorro decidió irse. Se fue y como que yo quedé con una sensación bien extraña, como que algo había pasado ahí», agrega.
El episodio le quedó dando vueltas. Tiempo después, mientras buscaba un diseño para tatuarse, abrió un libro y se encontró nuevamente con la imagen de un zorro. «Me acordé de esta situación. Además, lo que significa el zorro, que es un cazador, que es muy cuidadoso, muy sigiloso. Me gustó un poco lo que significaba y me hice el tatuaje», cuenta.
Ignacio Idalsoaga, también fundador del Bioparque Buin Zoo, explica que las imágenes corresponden a «un zorro culpeo, o zorro rojo. Es un ejemplar adulto. Un ejemplar adulto puede llegar a pesar hasta 10 kilos, entre ocho y 10 kilos».
¿Es normal que bajen a sectores residenciales, Ignacio?
«Sí, pasa en sectores de Colina o zonas que están más cerca de la precordillera, en donde ellos bajan y, desgraciadamente, empiezan a encontrar en el humano una forma de alimentación a través de desperdicios. Si bien cazan, también pueden ser carroñeros. En este invierno están bajando bastante, al parecer porque hay poca oferta de liebres o conejos. Está pasando también con los pumas.
Olarra ya consultó qué hacer ante sus reiteradas visitas. «Tengo un amigo que es del SAG (Servicio Agrícola y Ganadero) que me recomendó no alimentarlos ni acercarse y ojalá manejar la basura de manera distinta», cuenta. Idalsoaga coincide con la precaución y recalca que el culpeo normalmente evita a las personas: «No hay que alimentarlos. Es un animal que siempre va a escapar ante la presencia del ser humano, salvo que se sienta acorralado, ahí va a tratar de defenderse».


