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Autor de la Foto: JAVIER TORRES
Título/Pie de foto: «Me interesa sacar al espectador de la comodidad a la que está habituado», dice la artista.
Desconcertante exposición de María Gabler en la Galería Tajamar
La autora armó una réplica en madera de una de las glorietas de vidrio de las Torres de Tajamar. Ahora, ambas estructuras conviven como hermanas.
Rodrigo Castillo R.
Para quienes aún no la conozcan, vale la pena saber que la Galería Tajamar es un espacio de exhibición de arte que funciona desde abril de 2011 en una de las llamativas glorietas de vidrio que hay en la plaza central de las Torres de Tajamar, en pleno corazón de Providencia.
Hasta ahora, los artistas invitados a mostrar sus trabajos en ese módulo transparente de aire retrofuturista habían utilizado el cubículo como una vitrina que siempre debía ser observada desde afuera. Esos antecedentes, por supuesto, llevaron a María Gabler -joven creadora que fue convocada para hacer uso del lugar en estos hirvientes meses de verano- a hacer lo contrario.
La autora, quien se ha especializado en la intervención lúdica e incómoda de ciertos rincones menores de la arquitectura santiaguina, ensambló una réplica en madera de la pérgola y la situó a junto a la estructura original. Ambas versiones, la de madera y la de vidrio, tienen exactamente el mismo tamaño y han empezado a convivir pacíficamente, unidas por un túnel-pasadizo que también está hecho de madera y que las convierte en algo así como construcciones hermanas.
«A las estructuras de madera no se puede ingresar, lo que es parte importante de la obra, ya que ésta se generó a partir de la idea de transformar la función original de espacio, que suele funcionar como una vitrina que sólo se observa desde el exterior», dice la expositora.
«En ese sentido, lo primero que sucede es que a la galería, es decir, a la vitrina de vidrio, esta vez sí se puede ingresar y sólo así se puede ver el interior del volumen de madera. La idea era jugar con la posibilidad de desmantelar la funcionalidad intrínseca de cada uno de esos espacios, con la vitrina que ahora funciona mirando hacia fuera, el pasillo que no une porque no se puede pasar por él, y el interior de madera que no se puede habitar», resume la artista.
-¿Crees que ese cambio de materialidad, del vidrio a la madera, puede desconcertar al visitante?
-La elección de la madera tiene relación con la idea de generar una contraposición entre la opacidad de ese material y la transparencia del vidrio, así como entre un material más noble y otro, como la madera aglomerada, que es más bastardo y suele quedar oculto en las construcciones.
-A propósito de la madera, ¿hay en este trabajo una intención irónica de convertir la segunda glorieta en una especie de mediagua estilosa?
-Eso no fue algo premeditado, pero efectivamente sucede que al construir este espacio, que originalmente es transparente, en un material opaco como la madera, se transforma en un volumen enorme y es imposible no pensar en que es como una casa. Entonces aparecen las dimensiones reales del espacio y uno lo comienza a ver con otros ojos.
-¿Por qué te interesas tanto en la intervención incómoda de los espacios arquitectónicos?
-Me interesa sacar al espectador de la comodidad a la que está habituado y, al mismo tiempo, poder sabotear las funciones que tienen habitualmente los espacios. Me atrae este absurdo de, por ejemplo, crear un espacio e impedir que se pueda entrar a él. Creo que el arte mismo tiene harto de esta cuestión de lo inútil o infructuoso y me gusta asumir eso, tomándolo con cierto humor, para aprovecharlo en función de lo que busco.
Serios inconvenientes
«Siempre he intentado que el espectador vaya un poco más allá de la pura contemplación, que ojalá tenga que hacer algo en un sentido más corporal, si se puede decir de alguna forma», declara María Gabler.
La autora ha sido fiel a esa declaración de intenciones: en su exposición «Ruina», que se presentó en 2011 en la Galería Bech, intervino el especio con vigas de distintos tamaños que atravesaban el recinto en sentido diagonal y que planteaban serios inconvenientes a quienes intentaban transitar por el interior de la sala.


