Asistieron a encuentro con la escritora Isabel Atiende y tuvieron cortante cara a cara
Se encontraron de frente. Frei le dio un beso a la Doggentiveiler. Larraechea la miró nomás.
En la Fundación Dialoga el tema del día era el vino en honor a Isabel Allende, Premio Nacional de Literatura 2010. Todo sazonado con un discurso de la ex Presidenta Michelle Bachelet y la presencia de rostros emblemáticos de nuestra patria.
Por eso pasó medianamente inadvertido un hecho inesperado, pero bello para los copuchentos. El reencuentro de Karen Doggenweiler y Mamita Larraechea.
Racconto: Durante las presidenciales ambas aspirantes a primera dama tuvieron un par de encontrones, el más recordado durante un debate. Karen terminó medio llorando, Martita, medio enfurecida. Se dijeron un par de cosas v la rabia fue tanta que el 27 de agosto pasado Manita reveló en Canal 13 algo sincero: «Donde veo a Karen, arranco».
Ayer Martita no tuvo opción. No pudo arrancar. Recién Bachelet y Allende habian entrado a la carpa de la fundación cuando ella se apersonó con el senador Eduardo Frei. De improviso se toparon cara a cara con Karen Doggenweiler, que miraba todo desde un costado. Frei la saludó de beso, con cierto afecto. ¿Y Mamita?
La ex primera dama miró a la animadora, le hizo un leve, casi imperceptible gesto con el ojo derecho y siguió de largo. Karen estaba roja, saludó con un inaudible hilito de voz y sonrió. Apenas Mamita pasó, la mujer de «Pelotón» se volteó donde una amiga e hizo un gesto de asumida incomodidad.
Tras eso, varios metros y decenas de invitados separaron a ambas mujeres, que no volvieron a cruzar mirada ni por si acaso.
Mamita junto a Frei, más cerca del mundo DC que se hizo presente en el acto.
Karen al lado del universo televisivo, rodeada de actores. Tan lejos y tan cerca.
-Karen, usted por acá.
-Estoy porque fui una de las patrocinadoras de Isabel Allende. Tuve que dejar «Pelotón» por un rato para saludarla.
-Hay harta gente del PRO.
-Es que nosotros estamos en todos lados, eso pasa, je.
-¿Y Martita?
-No, no. Acá lo importante es que Isabel Allende merece nuestro respeto y vinimos por ella.
SOLE ONETTO, GUAPÍSIMAEn el acto que saludó a Isabel Allende había espacio para todos. Había espacio, por ejemplo, a un Pablo Huneeus homenajeando al pueblo mapuche con un cintillo. También para la ex ministra Paulina Urrutia, que se ubicó en un rincón lejos del mundanal ruido. También para una Soledad Onetto radiante, sonriente, eternamente feliz.


