Bioquímico se convierte en embajador de la ciencia chilena en Europa

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Hoy la ciencia ficción se desdibuja con la realidad, cuenta Luis Larrondo, experto en hongos

Su trabajo, que mide la reacción de los organismos ante la luz, tiene aplicaciones en agricultura y biomateriales.

Cada año la Organización Europea de Biología Molecular (EMBO) suma profesionales que hayan concretado contribuciones sobresalientes en sus disciplinas. La idea es que investigadores de distintos países se unan a los cerca de 2.100 miembros de la entidad, que impulsa la excelencia científica, la formación de nuevas generaciones y la cooperación internacional.
Los postulantes son nominados por investigadores europeos y deben pasar por una votación de sus pares, quienes valoran el trabajo investigativo. No es un camino fácil y de ahí la importancia de que entre los 71 miembros asociados admitidos en 2026 figure un chileno: Luis Larrondo, académico de la Facultad de Ciencias Biológicas de la Pontificia Universidad Católica y director del Instituto Milenio de Biología Integrativa (iBio).
«Es una gran sorpresa el ser convocado a ser parte de EMBO y un honor, porque se trata de una cantidad limitada de científicos», valora el investigador, quien se destaca por su trabajo para comprender cómo los organismos -especialmente hongos- utilizan la luz para regular procesos biológicos. Sus estudios tienen potenciales aplicaciones en salud, agricultura y biotecnología.
«Más que un honor para mí es una alegría para la ciencia nacional, porque demuestra que, efectivamente, estamos haciendo cosas que son valoradas afuera», agrega.
 
¿Qué significa pertenecer a esta organización?
«Uno pasa a ser un poco embajador de la ciencia chilena frente a EMBO, que está constantemente organizando y financiando cursos, simposios, distintas actividades pensadas para científicos en formación. A través de esta membresía uno puede participar en la organización de estos eventos y traerlos a Chile».
Optogenética
«Los hongos son una plataforma experimental potentísima para entender cómo es que una célula modifica su comportamiento dependiendo de variables ambientales como luz, oscuridad, cambios de temperatura o inclusive el paso del tiempo», aclara Larrondo.
En la investigación juega un papel fundamental la optogenética, que tiene que ver con la utilización de la luz para controlar procesos de las células, en particular la creación de genes.
«La optogenética permite desarrollar una serie de potenciales aplicaciones biotecnológicas, cómo optimizar procesos decidiendo cuándo y dónde algo ocurre, justamente jugando con la luz como la señal gatillante», destaca.

¿Ejemplos? «Muchas de las cosas que hacemos conversan con el mundo agroproductivo. Algunos de los hongos que estamos estudiando tienen relevancia en la agroindustria. Trabajamos con hongos patógenos, que causan daño en el mundo agro, pero también con hongos que son biocontroladores, capaces de controlar a los patógenos», plantea.

«Por otra parte, hemos estado de a poco metiéndonos en el mundo de la biofabricación. Utilizamos hongos para poder fabricar biomateriales, que son mucho más amigables con el ambiente y tienen propiedades interesantes desde el punto de vista estructural», agrega.
Dónde trabajan
Tradicionalmente los bioquímicos y biólogos en Chile se han dedicado a la academia, pero ahora el panorama se amplió. «Sobre todo en los últimos cinco años hemos visto cómo profesionales empiezan a involucrarse en empresas que van tomando procesos biológicos para aplicarlos como soluciones productivas», valora el académico.
Menciona, por ejemplo, startups que desarrollan bioestimulantes agrícolas y protectores de cultivos basados en nanotecnología, otras que utilizan IA para predecir interacciones entre medicamentos, o las que mejoran alimentos naturales con probióticos.
«Muchos académicos estamos reconociendo el potencial de la gran cantidad de datos disponibles y, sobre todo, las nuevas herramientas que hay para entenderlos basado en inteligencia artificial. Hay muchas plataformas que uno puede utilizar y domesticar para preguntas particulares, pero también uno puede desarrollar nuevas herramientas.
Efectivamente los tiempos están cambiando: más que producir susto o preocupación, yo creo que produce un entusiasmo súper grande ver que la barrera de lo posible nuevamente se ha movido y hoy la ciencia ficción se desdibuja con la realidad», sostiene.

¿Cómo ve la investigación en Chile? «Sobra entusiasmo y capacidades, falta financiamiento», comenta. En ese aspecto, destaca la labor del iBio. «El concepto de centro de excelencia es una herramienta que funciona, porque de alguna forma genera cambios y otorga una relevancia a nivel internacional. Este reconocimiento yo creo que demuestra que las capacidades en Chile están, y que la figura de centro de excelencia efectivamente permite avanzar a la ciencia».

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