El discóbolo chileno logró medalla de oro en el Sudamericano de Mar del Plata
El atleta, campeón mundial Sub 18 en 2017, cortó con dos amargas temporadas a nivel internacional y se ilusiona con volver a dar pelea en las grandes ligas.
«No hay mal que dure 100 años, ni cuerpo que lo resista», reza un popular dicho, que bien podría sintetizar el momento de Claudio Romero (24), quien luego de dos amargas temporadas a nivel internacional, se redimió en el marco del Campeonato Sudamericano de Atletismo, que se desarrolla en Mar del Plata, Argentina.
Con una performance que fue de menos a más, el discóbolo se adueñó de su prueba con un impecable lanzamiento de 64,13 metros en su cuarto intento. A partir de ahí había que esperar qué pasaba en las dos rondas finales, y apenas se confirmó su victoria se abrazó efusivamente con Lucas Nervi, su compañero de mil batallas, quien culminó 4°, y hasta lo alzó en peso con mucha facilidad.
Romero era pura felicidad porque nadie mejor que él sabía por todo lo que había pasado para recuperar la alegría por competir.
«Fueron dos años de devastación, donde no gané nada. Pero esto es como volver a subirse al caballo», reconoce el nuevo rey sudamericano, mientras baila feliz al ritmo de la cumbia que suena por los altoparlantes del estadio.
¿Siente que recuperó la alegría por competir, Claudio?
«Sí, de todas maneras, sí. Recuperé eso de que uno lanza y no tiene idea de dónde va a caer, así que ahora siento que no hay límites».
Usted venía de hacer récord de Chile (69,65 m), que había ido a buscar aprovechando la temporada de vientos huracanados en EE.UU., pero acá tuvo más bien el viento en contra.
«Claro, el viento estaba botando un poco los discos, pero lo que más afectó fue que el foso era muy resbaloso en la partida. Por eso se vieron tantos nulos».
Pero igual le alcanzó para hacer récord de campeonato.
«Sí, pero uno siempre quiere más. Ahora estaré en el Grand Prix Sudamericano en Santiago, y ahí voy a tratar de hacer el récord de Chile. Y ya en mayo me voy a Europa a competir y ya desde ahí toparme con los internacionales, tratar de ser lo más competitivo posible y llegar a la final Mundial de Tokio».
¿Con quién irá a Europa?
«Con el grupo de trabajo que entrena Eduardo (Sotomayor), donde estamos Lucas (Nervi) y la Ivana (Gallardo). Partiremos en Halle, Alemania».
¿Fue clave la cirugía que tuvo hace unos meses para este renacer?
«Sí, me operaron el 7 de octubre del año pasado, porque tenía una hernia lumbar que me estaba apretando el nervio ciático. Y ahora ya estoy mejor, gracias también a mi kinesiólogo, Matías Norambuena, quien está acá acompañándome».
¿Siente que cambió el chip también?
«No, bueno… Al final me gradué en la universidad el año pasado. Me dije a mí mismo que me quería dar un año para ver si podía ser de los mejores 10 del mundo. Y si valía la pena ser profesional o dedicarme a otra cosa. Y bueno, por ahora vamos muy bien, pero quedan muchos años».
Luego de sus nulos en Paris 2024 habló incluso de retiro…
«Claro. Tanto dolor en ese momento, era difícil pensar en un futuro con el deporte. Pero después de la operación y el trabajo que he hecho, me siento bien de nuevo después de muchos años».
¿Una versión 2.0 de usted, donde además ya conoce sus límites?
«Sí, no hay techo. Depende solamente de mí cuán lejos lanzo. Depende de cuánto me cuide, qué tan duro entrene, todo eso».
¿Qué fue lo más duro en estos dos años?
«El ver que me ganaba gente a la que yo le gané siempre. Sobre todo en los Juegos Olímpicos, donde mucha gente pasó a la final y yo siempre estuve arriba de ellos. Y bueno, fueron dos años en que no era nadie».
Y ahora hasta soltó sus buenos pasos de cumbia, ¿es su música favorita?
«No, escucho de todo. Creo que el techno es lo que más me gusta».


