En pleno despliegue podría estar entre los más intensos desde 1950
Si hay lluvias, como esperamos que las haya en septiembre, obviamente se va a dañar la floración, dice Patricio González, de la U. de Talca.
Según el último reporte de la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA) de Estados Unidos, El Niño 2026-2027 experimenta un rápido potenciamiento en el Océano Pacífico ecuatorial.
De esta forma podría convertirse en uno de los eventos climáticos más intensos desde que se tiene registro (1950), situación que han alertado especialistas de diferentes partes del mundo. El fenómeno actual ha sido catalogado como «extraordinario», categoría que viene después de «débil», «moderado» y «fuerte». Y también se le ha llamado Godzilla, un apodo que ya se ganó El Niño de 2015, cuando las aguas en la zona 3.4 -que es la zona ecuatorial central, donde se genera el centro de El Niño- se calentaron 2.5°C sobre lo normal.
«Ese año la temperatura del mar alcanzó los 29,6 grados. Y en este julio de 2026 ya estaba en 29,3 grados (…) Se estima que este Niño alcanzará hasta 3°C grados por sobre lo normal, eso será inédito. Seguramente llegará a los 30 grados en noviembre o diciembre», explica Patricio González, académico e investigador del Centro de Investigación y transferencia en Riego y Agroclimatología, CITRA, de la Universidad de Talca.
Pero estos números, aclara el especialista, no determinan el nivel del eventual daño asociado. «No es una escala sísmica. Un terremoto grado 9 implica destrucción total y un temblor grado 2 es suave, pero acá no existe esa relación», dice.
Nicolás Raab, experto en climatología y docente de la Facultad de Agronomía y Sistemas Naturales de la Universidad Católica, ahonda en este punto: «El Niño del año 2016-2017 fue relativamente intenso, pero no tuvimos tantos estragos en el territorio nacional comparado, por ejemplo, con el Niño 2023-2024. «Se tienen que emparejar dos fenómenos: el calentamiento en el Pacífico ecuatorial y también el cómo esa masa de humedad tropical interactúa con los frentes que van penetrando en el territorio nacional».
Precaución ante todo
Si bien no se pueden predecir con exactitud las consecuencias de El Niño en la fruticultura local, lo cierto es que, en mayor o menor medida, sí se verá afectada. «Si hay lluvias, como esperamos que las haya en septiembre, obviamente se va a dañar la floración. Y en octubre puede llover un día y al otro habrá temperatura de 28 o 30 grados. Esa alternancia hace que, por ejemplo, la cereza se parta, y al partirse quede inmediatamente fuera de los mercados internacionales», explica el experto de la Universidad de Talca Patricio González.
Y agrega: «Cuando hay altas temperaturas (de 35 o más grados), la baja humedad relativa genera golpe de sol».
También es probable que haya granizos debido a un sistema frontal frío, que es típico del evento El Niño: «O una helada tardía que pueda dañar, por ejemplo, las viñas», especifica González.
Nicolás Raab, académico de la UC, coincide y aporta: «Aunque en general vamos a tener temperaturas sobre lo normal, puede haber episodios de heladas. Y en estos momentos las temperaturas más altas de lo común están despertando a las flores, a los botones florales en la zona centro y centro-sur. y estamos en el punto más sensible para los frutales».
Lo importante es estar muy atentos a los pronósticos de heladas para, por ejemplo, activar calefactores o torres de viento que hagan circular el aire», aconseja el experto de la Universidad de Talca.
Otro problema tiene que ver con la polinización. El profesor Gabino Reginato, académico del Departamento de Producción Agrícola de la Facultad de Ciencias Agronómicas de la Universidad de Chile, lo explica: «Básicamente porque muchos de los árboles frutales necesitan el movimiento de abejas para polinizar. Pero si las temperaturas son más bajas, ese movimiento se va a ver limitado, sobre todo si hay un día de lluvia».
Además, dice Reginato, «aumentan los riesgos sanitarios porque, en el fondo, el ambiente es más propicio para los hongos y bacterias. Y también crecen los problemas asociados, por ejemplo -lo que podría ser muy grave-, a la partidura de la cereza. En el caso de la uva el hongo que afecta es la Botrytis; en del nogal es la peste negra, que es una bacteria; en la manzana y la pera, la Venturia. Y en el caso de la floración de todos los frutales hay también un hongo que es la Monilinia».
Otras frutas que son muy susceptibles de tener hongos son los berries, frambuesas, frutillas y arándanos. «Y también los frutales en su etapa de floración: todos los que son de carozo y que van a estar floreciendo durante los meses de finales de agosto, septiembre y principios de octubre», dice el experto de la UC Nicolás Raab.
Y agrega: «Las precipitaciones durante ese período van a afectar los costos de producción, porque hay que hacer aplicaciones de fungicidas, que pueden costar entre 150 y 250 mil pesos por hectárea. Si tienes varios episodios de lluvia mientras estás en floración evidentemente terminas encareciendo tus costos de producción y te hace menos competitivo».
El agricultor, entonces, tiene que estar muy atento a los pronósticos para que evaluar las aplicaciones cuando corresponda», aporta Patricio González, de la Universidad de Talca.
Todo esto, acota el profesor Gabino Reginato, de la Universidad de Chile, podría significar una mayor demanda de tratamientos químicos. «Hay una batería de opciones para cada una de esas enfermedades. Lo que sí hay que tener en cuenta es que en el pronóstico que hacen las compañías químicas esté considerado que a lo mejor habrá mayor demanda de determinados agroquímicos, porque habrá mayor presión de las enfermedades».
+2,7% CELSIUS ES LA MAYOR anomalía a la fecha en temperatura de esta temporada en el Pacífico ecuatorial.
«Se estima que este Niño alcanzará hasta 3°C sobre lo normal», Patricio González.


