Familia busca a chileno que desapareció tras ser enviado al frente de combate en Rusia
Rodolfo Chico, de 31 años, viajó en mayo a Rusia para integrarse a su ejército. Le dijo a su padre que realizaría un curso y que patrullaría ciudades recuperadas. Su último mensaje llegó el 21 de junio. Desde entonces, su familia no sabe dónde está.
Con una barba tupida, gorra y uniforme de camuflaje, Rodolfo Chico posa de cuerpo entero, cargando un fusil sobre su hombro, en un campo de entrenamiento ruso. Detrás se observan pistas de obstáculos y galpones verdes. En otra imagen, el chileno aparece en una escalera con peldaños rotulados en ruso. En una tercera, sostiene el arma en una plaza de adoquines.
Esas son las últimas fotos que recibió su padre, Juan Chico, oriundo de Freire. Desde el 21 de junio no ha vuelto a saber de él. El 9 de agosto cumplió 31 años.
De Neuquén a la guerra
Chico padre recuerda que Rodolfo, el tercero de cinco hermanos, vivió diez años en Neuquén, Argentina, donde empezó a estudiar Economía. Pero la crisis económica en ese país le consumió los ahorros y se dedicó a trabajar.
Este año Rodolfo decidió volver a Chile con la misión de sacar pasaporte. A su familia le contó que un trabajo lo esperaba en Turquía, pero poco antes de abordar el avión, cuenta Juan, se sinceró. Turquía era solo una escala.
«Me dijo: La verdad es que me voy a Rusia, me voy a hacer un curso de policía militar y me voy a integrar al ejército».
«Cuando se fue, le dije: Acuérdate de que vas a un país en guerra. Y me respondió: Esto no tiene nada que ver con la guerra. Yo voy a un curso», dice Juan.
Partió bien
Tras el viaje, el primer contacto fue el 3 de junio. Hubo fotos, entrenamiento físico y mensajes tranquilizadores: «Papá, estoy súper bien, me tratan bien, no estoy corriendo ningún peligro», le dijo. Solo harían patrullajes en ciudades recuperadas.
El contrato, según le contó su hijo, era por un año y con buen dinero. Hasta le prometió enviarle plata para construirle una casa. Según Juan, eso nunca pasó.
Pero, según el padre, cerca del 11 de junio a su hijo lo hicieron firmar un contrato en ruso y lo destinaron a la primera línea del frente. Rodolfo creía que firmaba un contrato de trabajo, ligado al curso que le habían ofrecido.
Un cubano, que estaba en una situación muy parecida, dice Juan, le ayudó a entender que la realidad era otra.
«El cubano alertó a mi hijo y a los otros latinos de que los estaban engañando, de que los habían hecho firmar un contrato falso, donde ellos se comprometían a participar de la guerra».
La rebelión
Juan ha podido ir reconstruyendo solo retazos de lo que pasó después de esa firma. Supo, por ejemplo, que su hijo se rebeló junto a un compañero panameño y un cubano y que por eso estuvieron diez días presos. Eso lo supo por la esposa del cubano, que le envió un pantallazo con un mensaje escrito por Rodolfo: «Hermano, acá la estamos pasando muy mal, nos tuvieron diez días presos y a mí me golpearon mucho hoy».
El 21 de junio llegó su último mensaje. En él, relata Juan, su hijo le dio a entender que se había equivocado, pero que ya no había nada que hacer: estaba atrapado.
Después vino el silencio. Un abogado ruso, recomendado por la esposa del cubano, le informó que desde el 25 de junio su hijo figura como desaparecido y que, si el cuerpo está en territorio enemigo, recuperarlo tomaría entre tres y seis meses.
La Cancillería chilena consultó a Moscú y la última respuesta, según Juan, fue otra: el soldado raso Rodolfo Chico Ketterer quedó a disposición del mando desde el 1 de julio por ausentarse más de diez días sin justificación. El texto no dice si está desaparecido o muerto.
Juan cuenta que el amigo panameño de su hijo, Víctor Manuel Castillero, murió: contactaron a su madre. El cubano, que va en su segundo año de guerra, sigue vivo, en tercera línea. Panamá contabiliza seis ciudadanos fallecidos y 15 desaparecidos en la guerra, según un informe oficial del 15 de septiembre citado por «La Prensa».
«Yo quisiera creer que se arrancó, que se escondió, pero la realidad puede ser otra», lamenta.
Juan descarta viajar a Rusia. «Encontrar un cuerpo son de tres a seis meses. Imagínese el estado en que va a estar», dice. También critica las gestiones de Chile y asegura que Rusia contesta solo en ruso a sus llamadas y a las de su hija.
«Impotencia absoluta. ¿Y qué va a hacer Chile frente a la primera potencia mundial? Reclamar. Pero nada», agrega.
Ni Juan ni sus otros hijos logran entender la decisión de Rodolfo. Juan lo recuerda como «un niño prodigio con el tema de los números» y el más generoso de la casa: «De niño, si lograba hacer un peso, me lo entregaba para los gastos de la casa. Era el último que pensaba en él».


