Corte condenó al Estado a pagarle 35 millones de pesos de indemnización
En Aduanas le dijeron que unas cremas que llevaba contenían droga. Se comprobó que no era cierto.
Hasta las 13 horas del sábado 5 de marzo de 2013, la vida de Nardy Ribera transcurría como la de la mayoría: hacia adelante. Pero desde ese instante, el tiempo parece haberse sido detenido. Una y otra vez su mente vuelve a ese día, como si hubiera caído en una trampa. Solo imagina una sola manera de salir: «Con justicia».
«Ese día yo venía en autobús desde Santa Cruz de la Sierra, en Bolivia, después de visitar a mi familia. Yo tenía 25 años y hacía tres que me había venido a Chile. Vivía en Tocopilla», cuenta Nardy.
«Pasé el control fronterizo de Colchane sin problemas. Pero cuando llegué al control Loa, un control de Aduanas ubicado a la salida de Iquique, dos funcionarios se detuvieron en mi maleta. Empezaron rajándola con un cuchillo y revisaron mis cosas una por una. Me mostraron unas cajas que traía. Me preguntaron qué era. Les dije que eran cremas capilares con creatinina y que me las había encargado una amiga de Tocopilla, que tiene un salón de belleza.
Vamos a hacer un estudio de campo, me dijeron. Unos minutos después vinieron unos detectives y me dijeron que estaba detenida por la ley 20.000. Yo no entendía nada y me puse a llorar.
«Me llevaron a un cuartel de policía donde un uniformado me pasó un papel para que lo firmara. Era una confesión. Pero yo le dije que no iba a firmar nada porque era inocente. Yo no paraba de llorar. Les dije que quería llamar a mi papá, pero me negaron la llamada.
«Después de mucho llorar en una celda, un carabinero se apiadó de mí y me escuchó. Le pregunté qué era la ley 20.000 y me dijo que era tráfico de drogas. Me pasó un teléfono y así pude llamar a mi papá a Bolivia. Mi pobre padre partió ese mismo día a Chile.
Dos frases
«Al día siguiente fue la audiencia de formalización, pero no me acuerdo de nada. Estaba bloqueada. Solo recuerdo dos frases: prisión preventiva y 120 días de investigación.
«Me llevaron a la cárcel de Alto Hospicio en un furgón donde solo había hombres. En la cárcel viví cosas demasiado duras. Me apuñalaron con una tijera, me robaron cosas, me humillaron… En un lugar así las internas se aprovechan de los vulnerables, de los que se pasan todo el día llorando y lamentándose que están allí por una injusticia.
«Pero lo que más dolor me producía era cuando me visitaba mi padre. Mi papá pidió un préstamo hipotecando la casa para pagarme los abogados y para venir a verme. Cuando me vio en la cárcel le vino una depresión enorme de la que nunca se recuperó.
«Casi siete meses después de que fui detenida, un informe del Instituto de Salud Pública confirmó que las cremas no tenían droga. En una audiencia la fiscalía decidió que no iba a perseverar en la investigación y me dejaron libre.
Proyecto Inocentes
«Pero por alguna razón, pasaban los años y la causa seguía abierta. Cuando iba a buscar trabajo aparecía que yo tenía antecedentes y nadie me quería contratar. Trabajé por mi cuenta en ferias, haciendo empanadas, pero no podía rehacer mi vida. Pero sobre todo, sentí que se había cometido una tremenda injusticia conmigo y con mi familia.
«Buscando en internet me enteré del Proyecto Inocentes, de la Defensoría Penal Pública. Les conté mi caso y un abogado se hizo cargo de mi causa. Recién el 2022 pidieron en tribunales el sobreseimiento de mi causa y quedé sin antecedentes. Entonces decidí demandar al Estado».
En un fallo de primera instancia, un tribunal condenó al Estado a pagarle diez millones de pesos de indemnización. Pero Nardy apeló porque encontró que era insuficiente. La semana pasada la Corte de Apelaciones de Iquique aumentó la indemnización a 35 millones de pesos. Nardy lo sigue encontrando poco.
«Mi padre perdió su casa por lo que me pasó», cuenta. «Esa casa costaba el equivalente a 85 millones de pesos. Allí nos crió a mí ya mis cuatro hermanos con trabajo duro y honrado. Y se la remataron. Hoy vive postrado, con demencia senil. La única manera en que pueda sentir que hay algo de justicia es devolverle la casa que le quitaron por esta arbitrariedad. Por este dolor que nos atormenta hasta el día de hoy».