«En el fútbol chileno actual no hay proyectos para ganar la Copa Libertadores»

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Richard Sandoval presenta libro que retrata la relación de cada pueblo con el emblemático torneo

En La Copa Libertadores es mi obsesión, el autor entrega un relato profundo del fútbol como fenómeno social, político, cultural y regional. Spoiler: los chilenos seguimos soñando, al contrario de nuestros clubes.

En «La Copa Libertadores es mi obsesión» (Debate, 2025), Richard Sandoval se adentra en uno de los templos emocionales del continente. No escribe desde la frialdad de la estadística ni desde el altar de la épica: escribe desde la calle, desde el sufrimiento del hincha, desde la historia mal contada que solo se entiende cuando el fútbol sirve como espejo de un continente a medio hacer.
El libro no cuenta partidos, los encarna. Desde el infarto en blanco y negro de Peñarol en el 66 hasta la resurrección emocional de Botafogo en 2024. Cada crónica abre una rendija al país que la parió. Olimpia como la patria silenciada que se hace oír, Nacional como un grito entre metrallas, Colo Colo como el Chile que una vez creyó. No hay pompa en el relato. Hay memoria, ritmo y calle.
¿Por qué la Copa Libertadores es nuestra obsesión, Richard?
«Porque es la máxima alegría a la que puede llegar alguien de estas tierras tan diversas, ásperas, difíciles, en donde se dan vidas tan humildes. Y porque es un trofeo bellísimo. Yo creo porque todos los niños y ahora las niñas también, desde que juegan a la pelota, piensan hacer un gol en una final a estadio lleno para levantar el símbolo más importante de tu continente».
¿Qué la distingue de la Champions League?
 
«Algo que encuentro muy lindo, y que yo creo que mueve tanta emoción en la gente, es que las culturas siguen jugando. Bolívar te recibe en La Paz con su gente, con su altura, con su temperatura. Juegan la energía y los paisajes que tiene la inmensa diversidad de Colombia. Esa vibra de un estadio como La Bombonera, que dicen que tiembla y que cuando Boca llega a una semifinal o una final tienen que pasar varios minutos para que desaparezca el humo. El partido de Colo Colo con Boca el año 91, todo lo que pasó ahí, dice mucho de los pueblos y de sus procesos sociales. No sé si sea tan fácil para Manchester City jugar frente a un equipo boliviano en El Alto. No sé si sea tan sencillo para el PSG ir y golear a un equipo paraguayo en Asunción».
¿Pero es una obsesión para el fútbol chileno? Jugamos seis finales entre 1960 y 1993. Desde entonces sólo migajas.
 
«Es una decadencia que tiene que ver muchísimo con la organización y jugar poco. El fútbol chileno para dos meses, mientras los brasileños están jugando dos o tres veces a la semana. Hay una mediocridad tremenda en suspenderle los partidos al que va a jugar la Copa. Además, hay poca seriedad en gente que se hace cargo de un club para convertirlo en una plataforma para pequeños negocios sin apostar a un proyecto verdadero de club. ¿Qué es un proyecto de club? Lo hizo la Liga de Quito en Ecuador, lo que le permitió ser campeón de la Libertadores. O ahora lo que ha pasado con Independiente del Valle, un equipo que no existía y que hoy en día es más reconocido que los equipos chilenos.
¿Tiene algo que ver la irrupción de las sociedades anónimas o, recientemente, el control de los representantes y las casas de apuestas?
«Las sociedades anónimas tienen mucho que ver con la precariedad del fútbol chileno y su paupérrimo nivel actual. No hay proyectos para ganar la Copa Libertadores. Hoy uno ve cómo se arman los planteles: llegan jugadores de nivel bajísimo por una plaza irrisoria y a un buen jugador si sale una oferta lo sueltas en un semestre. Un buen plantel no te alcanza a durar un año. Peor aún, hay problemas con la propiedad de los clubes, con personajes que los usan para hacer negocios turbios».
Colo Colo el 73 y el 91, la Unión el 75, Cobreloa el 81 y el 82, la UC el 93. No sé si eran poderosos. ¿Se puede repetir al menos esa mística?
 
«La magia del fútbol como deporte es que siempre puede haber excepciones, aunque te enfrentes al poderoso. Pese a la adversidad, puede armarse un proyecto serio que lleve a un equipo chileno a instancias finales. Pero hay que apostar por un cambio en la estructura. Y observar con mucha atención el cambio que se está desarrollando a nivel legislativo. Porque el talento está. O sea, yo creo que no ha desaparecido el talento de las poblaciones, de los barrios chilenos. Lo que ocurre es que se encuentran con un tope, que es el modelo de funcionamiento y de financiamiento, por ejemplo, con las casas de apuestas. El nivel de especulación en el negocio es inmenso».
Antes los clubes del Pacífico sufrían frente a los del Atlántico. Ahora la Libertadores es un Brasileirao con relleno.
 

«Es lamentable que frente a este poderío brasileño no se tomen medidas, como sí ha ocurrido en Europa. En algún momento tendrá que verse algo como un Fair Play Financiero. O una redistribución de cupos para que esa afectación a la competitividad no se vuelva más peligrosa. No puede ser que los últimos campeones sean sólo brasileños. Ni que la mayoría de los semifinalistas en las últimas ediciones sean brasileños. Ni siquiera los equipos argentinos hoy en día están en condiciones de competir de verdad. Peñarol el año pasado se ilusionó mucho con llegar a la final o ganar el torneo y se encontró con un Botafogo en semifinales que tenía a un jugador que era Tiago Almada, el argentino, que valía casi todo el plantel de Peñarol. Esta semana Flamengo contrató a jugadores que vienen de Atlético de Madrid, que tienen un nivel de juego y de sueldo europeos. La Conmebol debe cuidar más la Copa Libertadores».

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