Claudio Cilveti, gerente general de Vinos de Chile, sobre nueva graduación alcohólica de 8,5°
Plantea que la categoría permite sumar nuevas zonas geográficas y cepas a la producción de vino en Chile.
Una nueva categoría de vino permitió la modificación al Decreto N°78 (1986), que reglamenta la Ley N°18.455 sobre alcoholes, bebidas alcohólicas y vinagres. Este cambio posibilita vender y etiquetar formalmente como «vino bajo alcohol» a los de menor graduación. Estos poseen un grado mínimo de 8,5° y menor al de un vino tradicional, es decir, de 11,5°, y autoriza un conjunto de nuevas prácticas enológicas, es decir, técnicas de elaboración, alineadas con los estándares de la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV).
La normativa chilena ya reconocía los vinos desalcoholizados y espumantes de baja graduación, pero no aceptaba una categoría intermedia.
Para Claudio Cilveti, gerente general de Vinos de Chile, la nueva categoría responde a lo ya contemplado por legislaciones de otros países productores.
De acuerdo con información mencionada en el Decreto N°68 del Ministerio de Agricultura, a nivel mundial está disminuyendo el consumo de vino tradicional y creciendo el segmento de vinos desalcoholizados y parcialmente desalcoholizados.
Cilveti precisa que «de acuerdo con la OIV, el consumo mundial de vino se encuentra en su nivel más bajo desde 1957. Según la Global leader in beverage alcohol data and insights (IWSR), es la categoría que registrará la mayor caída en los próximos diez años, con una previsión de reducción en su volumen global del 14%.
Añade que «la exportación de vinos de menor graduación es posible previa autorización del Servicio Agrícola Ganadero (SAG) y si el país de destino lo permite. El organismo señala que estas exportaciones han aumentado un 11% en el último año, pero como hay tanta burocracia para lograrlo, son muy pocos los que lo hacen. Se da la paradoja de que en las góndolas de supermercados nacionales es posible encontrar un vino alemán que tiene 8,5°, pero no con uno chileno en igualdad de condiciones.
¿Considera que este decreto responde a las nuevas tendencias de consumo?
«Estamos en un momento muy desafiante, y que no solo ha bajado el consumo, también su composición: hace cinco o seis años, los tintos eran por lejos los más consumidos, y hoy son los blancos. Entonces, hay zonas del mundo, como Burdeos, en Francia, o La Rioja, en España, donde la mayoría de su producción correspondía a tintos. Hoy el blanco ha recuperado mucho terreno, transformándose en un problema estructural. Chile no está exento al ser el cuarto mayor exportador, después de Francia, Italia y España y, por lo tanto, todo lo que sucede en el mundo nos afecta».
Cilveti explica que la situación responde al cambio de hábitos. «Los millennials y la generación Z están empujando mucho el concepto mindful drinking, un consumo de alcohol consciente. Están bajando en todas las categorías, cervezas, destilados y vinos. Ellos privilegian el bienestar físico y la productividad», señala.
«Hay otro factor muy importante, y es que la relación física entre las personas ha cambiado. La tecnología nos ha ido aislando y estos son productos que se consumen gregariamente. La otra vez escuché un concepto que me hizo mucho sentido que decía más sobrios, pero más solos».
¿La situación económica influye?
«Así es, porque las crisis geopolíticas han subido los costos de la vida. Los vinos, las cervezas y los destilados son productos prescindibles y se resienten mucho.
¿Cuántos grados permiten los otros países?
«Europa 8,5°, incluso con Denominación de Origen y en otras zonas, 4,5°; en Estados Unidos, 7°; en Australia, 4,5°; en China, 7°; en Brasil, 8,6°. En Argentina cada año fijan el grado mínimo. Entonces, Chile estaba completamente desalineado de la realidad mundial (…) Abrir esta categoría «vino bajo alcohol» se alinea con las tendencias de consumo, especialmente de jóvenes; además, no necesariamente implica que sea de baja calidad. Hay lugares donde se puede conseguir altísimas calidades de blanco, espumante o algún tinto ligero, como un pinot noir o sauvignon blanc, con un balance perfecto entre la fruta, el alcohol y la estructura del vino, pero que no llega a 11,5°, pero sí a 10°, por ejemplo.
¿Esta modificación permitirá que zonas más australes se motiven a producir?
«Absolutamente, es uno de los grandes beneficios. Pienso en el sur y en la costa desde Huasco hasta Chile Chico, donde se tiene un clima muy fresco y frío. Hoy hay proyectos vitivinícolas en Chile Chico, en Chiloé, en Río Bueno y en Lago Ranco con una calidad impactante. Ahora, cuando la legislación obliga a llegar a 11,5°, muchas veces los viticultores tienen que esperar, de repente demasiado, para que la uva madure y puede llegar a 9° o 9,5°. En el resto del mundo, eso no es tema. Esta restricción limitaba mucho la innovación y ahora que se eliminó se pueden aprovechar otras zonas del país, ya que el cambio climático también nos está llevando al sector vitivinícola más al sur o la costa».
¿Se podrían obtener nuevas cepas y llegar a otros mercados?
«Es un buen punto. Miremos lo que se hace en Alemania, con un clima frío y lluvioso y su gran cepa es la riesling. Aquí la producimos, pero en zonas más frías, sin embargo, hacia el sur o en áreas costeras se pueden conseguir mejores calidades de riesling o nuevas cepas que (en otras áreas de Chile) no se darían bien porque el clima no las favorece o por el problema del grado alcohólico mínimo. Hay compañías, muy pocas, que exportan vinos de menor grado, porque van a mercados donde su crecimiento es fuerte, como Europa y Estados Unidos, es necesario hacer todo un procedimiento y las viñas en general no lo hacen, pero es la única categoría que está creciendo. Por tal motivo, este decreto nos alinea con las tendencias mundiales.
Lo que dice el decreto 68
El Ministerio de Agricultura modificó el Decreto N°78, de 1986, reglamento de la Ley N°18.455 que rige la producción y comercialización de vinos, para crear una nueva categoría: el «vino bajo alcohol». Se trata de un vino elaborado con prácticas enológicas autorizadas, con una graduación alcohólica real mínima de 8,5°, inferior al mínimo tradicional de 11,5° que exige la normativa vigente. El Decreto N°68, firmado el 30 de julio, responde al crecimiento mundial de los vinos desalcoholizados: un mercado que en 2023 se valorizaba en US$1.180,83 millones y que se proyecta en US$7.892,17 millones para 2032. Además de esta categoría, el decreto suma otros cambios técnicos: autoriza nuevas prácticas enológicas, como tratamientos con ultrasonido, alta presión y pulsos eléctricos, y ajusta las dosis permitidas de aditivos como goma arábiga y carboximetilcelulosa.


