Fabio Águila, papá del pequeño Alejandro: «Ahora somos la cara visible de mi hijo, somos su voz»

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El niño fue asesinado en una encerrona hace tres semanas

Cuenta cómo viven el día a día con su esposa Claudia y cuál es la motivación que los impulsa a seguir adelante. El colegio donde estudiaba su hijo los está ayudando económicamente.

El 27 de junio -cuatro días después del cruel asesinato de Alejandro Águila Jorquera (12 años) en una encerrona en San Bernardos- sus padres Fabio y Claudia crearon la cuenta @justiciaparaale en TikTok. Todos los días suben contenido. Principalmente, agradecimientos.
«Son tantas las personas que nos han entregado cariño y apoyo desde el día uno. Partiendo por nuestra familia que creó un chat de WhatsApp para estar atentos a cualquier requerimiento nuestro. Vecinos de la población Carol Urzúa, gente que nos ve en la calle y nos dan un abrazo lleno de energía. Instituciones que han estado pendientes de nosotros. Como la Municipalidad, la Delegación Provincial, Carabineros», enumera Fabio sentado en la plaza que está en la esquina de Nonato Coo con Domingo Tocornal, en Puente Alto (ver galería https://goo.su/3QojZNJ).
La elección del lugar para esta entrevista tiene un sentido. «Fue un lugar bien recurrente para el Ale. Veníamos a los juegos. Llegaban sus amigos también. Para mí es muy especial esta plaza. De hecho, el alcalde le quiere hacer una especie de mural y me pidió autorización. Le dije que sí. Tal vez sería lindo que estuviera aquí», dice.
Una de las instituciones de las que Fabio y Claudia están profundamente agradecidas y que también ha sido mencionada en su TikTok es el Colegio El Sembrador de Puente Alto, donde Alejandro estudió en el 7° básico C.
«Si nosotros estamos comiendo ahora, pagando la luz, el agua, comprando gas, es gracias al Colegio El Sembrador.
 Nos ha mantenido económicamente. Creo que el 4° Medio no va a tener su viaje de egreso porque han sacado plata de ahí para darnos a nosotros. Ellos nos solventan en todo», cuenta.
Me da miedo
Él todavía no se siente con fuerzas para retomar su trabajo en Espacio Caucho, donde realiza hace instalaciones de planchas de goma. «No puedo salir. Me da miedo. Acá, en la población, no. Toda la gente me conoce. Pero salir del barrio me cuesta mucho».
El domingo, dice, fueron a comprar parafina. Se autoconvenció de que podía volver a la calle en auto. Fue una tortura. «Cuando parábamos en el semáforo sentía que el del auto de atrás me estaba mirando, el del lado, el del paradero, en cualquier momento aceleraba para salir arrancando. Cuando estaba cargando parafina se acercó a una persona y lo quedé mirando. Estuvimos todo el rato así, perseguidos».
Para ellos cada día es un desafío. Cuenta que siempre tienen alguna actividad que realizar. Desde ir a agradecerle al negocio que está a cuatro cuadras de su casa por haberles llevado sándwiches el día del velorio. Por lo general, andan con su cuñada Sandra, quien manejaba el auto el día de la encerrona y se instaló en su casa definitivamente a vivir con ellos.
En la interna, cuando se quedan solos, aflora la pena. «Por ejemplo, mi señora hoy se levantó bajoneada y ahí es donde tengo que estar. Ser su pilar, hacerle entender que en estos momentos el Ale es una bandera de lucha para la sociedad que está cansada que la delincuencia nos tenga viviendo con miedo. Que nosotros somos la cara visible de mi hijo, somos su voz».
Estar lúcido
Con Claudia van al sicólogo juntos y también tienen sesiones con el siquiatra.
«Mi señora está tomando algo que la ayuda a dormir. Yo de entrada le dije que no quería medicamento. Quiero estar así, lúcido, aguantándome el dolor. Creo que no se me va a pasar nunca, pero quiero estar con ese dolor. Me motiva más a continuar el legado que me dejó mi hijo. De hecho, la gente me escucha y me dice que yo soy muy educado para hablar, pero yo no soy así».
¿No es educado?
«Yo vengo de una población (en Sierra Grande, Provincia de Río Negro, Argentina). Antes que mataran a mi hijo yo decía mucho garabato. Mucho. Chistes con doble sentido. Mi hijo no decía garabatos. Si algún día tiene la oportunidad de entrevistar a alguno de los papás de sus amigos le van a decir que era súper educado. Entonces como que me traspasó eso. No sé cómo. Hasta yo me sorprendo. Me encuentro muy correcto, muy educado, muy controlado. Yo soy arrebatado, digo las cosas sin pensarlo. Ahora no, pienso antes de hablar».
Se impuso un desafío grande, Fabio.

«El vacío que dejó mi hijo no lo vamos a reemplazar nunca, vamos a tener que aprender a vivir con eso. Nosotros no lo queremos utilizar para ganar plata, no queremos politizar, no queremos color de equipo del fútbol. Nos motiva sacar adelante la ley de Alejandro, cueste lo que cueste. Es como darle un sentido a su muerte. Queremos que la justicia cambie. Que baje la edad de responsabilidad penal. Que si un adolescente asesina a alguien sea tratado como adulto y vaya a la cárcel sin ningún beneficio. Que pague su condena sin ningún beneficio. El abogado (Claudio Valdivia) ya nos explicó que el que mató a mi hijo le van a dar máximo 10 años de cárcel porque tiene 17 años. ¿Por qué la ley favorece al delincuente? Yo te voy a decir algo. Hasta ahora no ha aparecido nadie de la Defensoría de la Niñez o de Derechos Humanos a ofrecernos apoyo. ¿Qué pasa con las víctimas? Debería existir una pensión para ellas, que las ayude a solventarse mientras se recuperan para volver a trabajar».

«Yo de entrada le dije (al siquiatra) que no quería medicamento. Quiero estar así, lúcido, aguantándome el dolor», Fabio Águila

El emprendimiento

Este miércoles Fabio y Claudia se reunieron con el alcalde de Puente Alto, Matías Toledo. «Le solicitamos un puesto fijo en alguna feria de emprendedores, porque yo aparte de trabajar en Espacio Caucho, tenemos un emprendimiento chiquito en la casa: imprimimos poleras y tazones. La única forma que encontramos para impulsarlo es ampliando un poco más el negocio. Comprar una impresora un poco mejor. Yo no me manejo nada con la tecnología. Eso lo hace mi cuñada. Yo le digo cómo tiene que ser el diseño. Antes de irnos de viaje a Argentina, entregamos 50 tazas que nos pidió un colegio de Til Til. Después teníamos varios pedidos de tazas por el mundial, pero con todo este tema quedó todo detenido. Pienso que es un buen momento para retomarlo», expone Fabio.

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