Karl Bushby lo hizo sin ocupar medios de transporte
El año 99, cuando iba recién en el norte de Chile, le pasaron una postal para que la llevara a Viena. Su destinatario la recibió.
Gala sólo le dijo a Kerdi que iba a haber una sorpresa. Ella vive en un departamento justo arriba del de él, en un edificio en el centro de Viena, y sabía lo que iba a pasar, pero debía guardar el secreto. Era un «servicio de correo», algo cada vez más extraño en este mundo moldeado por internet, pero eso no era lo extraordinario: debía entregarlo alguien que no era cartero y que se había demorado 27 años en llegar a esa dirección.
«Lo que había visto de él eran solamente fotos y cuando bajé a abrir la puerta vi una persona con esta misma ropa, con este mismo carro enorme con sus cosas. Súper relajado, súper simpático, buena onda», explica Gala, que estudia antropología. Era marzo de este año.
Una vieja historia
En junio de 1999, el padre de la joven, Michael Bier, arquitecto austriaco que vivía en Chile, regresaba en auto con su familia a su casa de Valparaíso y en la orilla de la Ruta 5, a la altura de Pichidangui, vio a un viajero que tiraba un carrito con sus bártulos. El padre de familia supo que no era vagabundo. Probablemente reconoció la misma actitud aventurera que tuvo él cuando salió de Austria. Antes de llegar a Chile estuvo viajando dos años por Asia y sus padres le enviaban cartas al correo central de Kuala Lumpur, la capital de Malasia. Bier estaba seguro de que ese hombre, en su trayecto hacia el norte, debía pasar a una oficina postal en Chile, a recoger correspondencia.
Días después Bier leyó en el diario que ese espectro de la carretera era Karl Bushby, un ex paracaidista británico que en noviembre del año anterior había salido de Puntas Arenas para volver a su casa en la ciudad de Hull, en la costa norte de Inglaterra, sin ocupar ningún medio de transporte. Solamente caminando o nadando.
«Le mandé a la oficina de Correos de Arica una carta en la que le decía que me encantó verlo en el camino, US$100 dólares como apoyo a su viaje y una postal para mi vecino en Viena, por si acaso, por si pasaba por esa ciudad», recuerda el arquitecto. Ese vecino era Kerdi.
Para la Navidad del 99, Bier recibió una carta de la mamá del viajero en la que le agradecía el apoyo. Después, un día cualquiera, el arquitecto contestó una llamada: «Hello, this is Karl Bushby». El vínculo con el viajero se extendió a los hijos del arquitecto.
El día esperado
Gala no había nacido cuando su padre puso en el correo esa carta, pero después conoció la historia. Por eso sabía muy bien cuál iba a ser la sorpresa. «Subimos la escalera caminando al cuarto piso y ahí le tocamos el timbre a mi vecino, que al principio no entendió nada. Él habla alemán, Karl le habló en inglés y mi vecino no se dio cuenta de que también empezó a hablar en inglés. Después yo le expliqué un poco en alemán. Kerdi y su mujer son bien mayores y para ellos también fue súper entretenido», recuerda ella. Desde ese momento, el matrimonio comenzó a seguir las noticias de Karl Bushby y le contaban a ella que había cruzado Francia, que ya estaba en Inglaterra.
«Uno se imagina que él es como un superhumano, pero después, cuando lo conocí, me di cuenta de que es una persona común y corriente, con demasiada disciplina, con un objetivo claro. Son 28 años de su vida que él dispuso para esto y como para probarse algo a sí mismo», explica.
Karl Bushby le dijo a «The Washington Post» el 2025 que la aventura partió como una apuesta con sus amigos y que sufrió muchos retrasos. Para cruzar de Alaska, Estados Unidos, a Kamchatka, Rusia, Bushby nadó por el Estrecho de Bering. Había planificado llegar en invierno a ese lugar, para que el paso estuviera congelado y así poder caminar, pero el hielo no era muy firme y se cayó al mar varias veces.
El fin del viaje
Este lunes el ex paracaidista llegó a Hull. Lo acompañaron una multitud, la prensa y un equipo de producción que prepara una película sobre su aventura, encabezado por Werner Herzog. Cuando empezó el viaje estaba solo. Durante la última parte ya tenía auspiciadores y hasta un sitio en internet. Ahora vendrán los eventos en los que la gente podrá conocer al «hombre que caminó el mundo». En medio de la calle se reencontró con su madre. «¿Dónde has estado?», le preguntó ella.
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