Con Mounjaro, Jonathan Parra bajó 8 kilos en dos meses y sin efectos secundarios
Especialista en nutrición valora que estos días Cyber puedan servir para acceder a tratamientos costosos.
Las inyecciones para bajar de peso se consideran como la gran revolución de la medicina de esta década. De las que hoy se venden legalmente y con receta médica en Chile, la que más suena es Mounjaro, que se inyecta una vez a la semana. Un estudio publicado en 2025 indica que quienes la usaron bajaron en promedio 20% de su peso en 72 semanas (cerca de un año y cuatro meses).
Mounjaro llegó a Chile en abril de este año con precios abultados: sus dosis más altas superan los $600.000. Pero en este Cyber, por primera vez, varias farmacias lo venden con descuentos de hasta 37%.
Aun así, sigue siendo un medicamento caro. Jonathan Parra (@johnny_chile), el empresario detrás de Bar y Vuelvo, empezó a inyectarse Mounjaro hace dos meses. Sigue en la dosis inicial y lleva dos jeringas, que le costaron $280.000 cada una. En ese tiempo bajó de 92 a 84 kilos. Con los precios de este Cyber habría pagado bastante menos: en Salcobrand, la jeringa de la dosis inicial bajó de $334.599 a $207.451 en su tienda online; pagando con SBpay, la tarjeta de crédito de Salcobrand, queda en $173.991 (salcobrand.cl, https://s.lun.com/salie5)
Antes Jonathan había usado otras inyecciones. Ese tratamiento, asegura, tenía muchos efectos secundarios: náuseas, dolor de cabeza y mucho frío. Después de un año sin inyecciones, su médico le propuso probar el Mounjaro. Con el cambio, esas molestias desaparecieron y para él eso justifica que sea más caro: «Pagar 50.000 o 60.000 pesos más versus no tener tantos efectos secundarios es una comodidad que vale la pena», evalúa.
Lo que sí le cambió fue la manera de comer y beber: antes podía tomarse cinco o seis copas de espumante en una noche; ahora, con dos queda listo. No es por asco, aclara: «Mi sensación siempre ha sido que el mismo cuerpo te dice ya, es suficiente, de manera mucho más rápida».
Jonathan sigue su tratamiento con el nutriólogo Raúl Gallegos, quien lo controla mes a mes, y entrena entre cuatro y cinco veces por semana, una hora al día. Cuando usaba Ozempic debía comer muchas más proteínas porque su cuerpo perdía masa muscular; con el Mounjaro, cuenta, ha bajado sobre todo grasa y ha ganado músculo.
La próxima semana tiene control y ahí el especialista decidirá si le sube la dosis. Para él, ese seguimiento no es un detalle: «Son medicamentos nuevos. A pesar de estar aprobados, no existe una gran data acerca de los efectos secundarios que podría tener en el cuerpo, y por lo mismo he querido ir monitoreando mes a mes».
Enfermedad crónica
Catalina Fullerton, magíster en nutrición clínica, ve pros y contras en que este tipo de fármacos esté en el Cyber. Las ofertas por tiempo limitado empujan a comprar por impulso, señala, y alguien que no ha pasado por un médico podría comprarlo sin necesitarlo. Pero en Chile, asume, también hay muchos pacientes que necesitan estos medicamentos y no los pueden pagar: «Este tipo de ofertas puede dar la oportunidad a esos grupos que, teniendo indicación, no logran iniciar un tratamiento de alta calidad».
Sobre el precio, explica que detrás hay años de investigación y ensayos clínicos con miles de pacientes. Para ella el problema de fondo es otro: «En Chile la obesidad todavía no se trata como la enfermedad crónica que es y se sigue viendo en el marco de lo estético, lamentablemente. Y en parte por eso estos tratamientos en general no tienen cobertura. La pelea que debemos dar hoy es entender a nivel país que la obesidad está asociada con las principales causas de muerte de la población: enfermedades cardiovasculares y distintos tipos de cáncer».
El Mounjaro está indicado para personas con obesidad; es decir, un índice de masa corporal sobre 30, medida que se calcula con el peso y la estatura; también para pacientes con sobrepeso -con un índice sobre 27- que además sufran otra enfermedad, como prediabetes, hipertensión o apnea del sueño. No hay estudios en embarazadas, mujeres que están amamantando ni en niños; antes de recetarlo se revisa si el paciente tiene antecedentes de cáncer medular, de tiroides o pancreatitis. «Dentro de la evaluación médica estamos atentos a cuadros como algunos trastornos de la conducta alimentaria», señala.
¿Qué debe cambiar en la alimentación de quien usa estos medicamentos para no perder músculo?
«Muchos miran estos fármacos como algo que te va a quitar el hambre. Pero el foco jamás ha sido ni será que no comas. Es muy relevante mantener horarios de alimentación y requerimientos nutricionales personalizados; en ningún caso hay que tomarlo como algo al azar. Como norma general, hay que tener cuidado sobre todo con el contenido de proteínas, de fibra y de agua. Y en este punto quiero recalcar la relevancia del ejercicio físico, no solo para quienes usan estos medicamentos sino para toda la población, porque el tejido muscular nos protege en el área metabólica».