El escritor empezó un curso online desde su casa, en Barcelona
Una vez al año tomo un curso que me ayude a expandir mi universo creativo o a reforzarlo, cuenta desde España.
«Tengo puras pesadillas porque todas las noches me duermo con análisis de cadáveres, muestras de ADN y con las formas de la sangre en el suelo». Esta aseveración parece bastante tétrica y podría haberla hecho el rondín de una morgue, pero no, pertenece a José Ignacio «Chascas» Valenzuela. El escritor y guionista, que ahora vive en Barcelona junto a su familia, está estudiando criminalística y medicina forense y por eso esos temas son parte de su día a día.
El curso es online, lo imparte el Centro de Formación de Estudio Criminal y tiene una primera parte de tres meses y una segunda de seis. Valenzuela comenzó hace tres semanas y estás fascinado, ya que ese mundo lo deslumbró desde que era muy chico.
«La novela policial, el thriller, me encanta desde los 12 o 13 años, cuando descubrí a Agatha Christie. Siempre me ha seducido mucho ese juego, esa especie de duelo que se establece entre el espectador o lector y el escritor que dice: Voy a matar a alguien, voy a tener siete u ocho sospechosos y voy a ver si soy lo suficientemente inteligente para esconder al verdadero culpable sin que tú, audiencia o lector, lo descubras antes que el detective. Durante muchos años he hecho series y libros con esa temática», detalla.
¿Esa fue la única razón para estudiar criminalística?
«Uno de los miedos más grandes que yo tengo en la vida es a repetirme, quedarme pegado o empantanado en una sola manera de escribir, una sola temática. Pensé que podía ser interesante estudiar esto, un tema del que tanto me gusta escribir, para tener mejores herramientas, escribir mejores historias, inventar mejores crímenes o resoluciones y darle mejores herramientas para solucionar el conflicto a los personajes que hagan de detectives».
Es una forma de abrir el espectro.
«Lo vi como una manera de abrir el espectro y seguir superándome. Yo funciono en base a reglas para mi trabajo y una es, una vez al año, estudiar algo. A veces es algo cortito, un seminario, pero en general una vez al año tomo un curso que me ayude a expandir mi universo creativo o a reforzarlo. El año pasado hice un curso sobre venenos y hierbas y de eso salió un libro».
¿Cómo le ha ido?
«Yo soy súper cuadrado, me encanta estudiar, soy perno. Tengo el cuaderno lleno de anotaciones, estudio, veo los videos»
¿Algo que lo haya sorprendido en el curso?
«Estoy en los aspectos más teóricos, aún no empezamos con la cosa práctica, pero me sorprendió, por ejemplo, que cuando hay una escena del crimen hay dos maneras de hacer un reconocimiento y yo no tenía idea: la primera es por cuadrícula, trazas cuadrados y vas avanzando de cuadrado en cuadrado para ir recogiendo todos los vestigios. La otra es en espiral, marcas el cadáver en el centro y a partir de ahí vas trazando un espiral que se va extendiendo. Son cosas super interesantes y que voy a aplicar, sin duda, en el próximo thriller que escriba».
¿Y qué tal lo relacionado con la sangre?
«La sangre es un tema fundamental en una escena del crimen. No cae de la misma manera siempre y cómo cae y deja la huella se puede establecer la fuerza, el movimiento o desde donde vino el arma. Es una cosa fascinante»
¿Será criminalista cuando termine?
«No lo he pensado, criminalista supongo… me da hasta pudor, pero sí, supongo».
¿Y qué tal Barcelona? ¿Ya se maneja con el catalán?
«Muy bien, yo venía mucho por razones de trabajo, porque mi casa literaria está aquí. El catalán lo entiendo todo, no lo hablo tan bien pero mi hija (tiene siete años) me está enseñando… puedo pedir un jugo de naranja en catalán».


