Kathy Contreras volvió a estudiar teatro: «Algo se despertó en mí»

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Su participación en Fiebre de baile fue decisiva

Por una década Kathy Contreras (36) dejó en segundo plano su vocación de actriz. La ex participante «Calle 7» se dedicó a estudiar para dar clases de yoga infantil, realizar terapias con mujeres, escribió un libro para niños llamado «El tren mágico» y a criar a su hija Selva, que ya tiene 5 años.

«Me han pasado muchas cosas lindas estos años, pero luego de participar en Fiebre de Baile algo se despertó en mí», cuenta. Según ella, sus números de danza fueron inspirados por experiencias propias y ajenas que logró canalizar sobre el escenario.

«El público lo recibió muy bien. Los comentarios fueron wow, eso que hiciste me llegó. También me llegaron muchos elogios de compañeros que son actores profesionales. Me sentí muy contenta como intérprete porque conseguí representar algo desgarrador», recuerda la bailarina que reconoce ser «muy intensa».

Entonces «me di cuenta de que quería volver a actuar, volver a hacerlo como antes», cuando participó en obras y programas de televisión.

Como desea perfeccionarse en interpretación frente a una cámara, se inscribió en un curso especial en la escuela de Fernando González, en el barrio Bellavista: «Yo creo que uno tiene que estar explorando y aprendiendo nuevas técnicas. Quiero enfocarme en el tema audiovisual: cine y televisión. Ahora están muy de moda las series verticales y ahí se abre una nueva posibilidad para actuar».

El curso durará tres meses y los alumnos trabajarán permanente frente a las cámaras.

«Tengo varios compañeros que son actores y que se dedican mucho más a las tablas. Cuando yo estudié me centré mucho más en teatro y esto es diferente», sostiene.

Toda este aprendizaje lo ha complementado con estudios de danza, animación y locución.

Para el futuro, Kathy quiere juntar pasiones y poder escribir sus propios guiones para actuarlos.

Como Kathy vive en la zona sur de Santiago, para asistir a las clases en Bellavista tiene que realizar largos trayectos. En esos momentos Selva queda al cuidado de su papá, el ingeniero y fotógrafo Erich Muñoz.

«Para mí la logística siempre es compleja dado la maternidad. Me demoro mucho manejando, más de una hora. Mi marido, que trabaja bastante en la casa, se queda con nuestra hija. Desde temprano tengo listo el almuerzo y le dejo la comida hecha a Selva. Soy buena para dar indicaciones, soy buena para dirigir», reconoce.

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