Comenzó haciendo estuches para sus compañeras de colegio: hoy trabaja con más de 20 mujeres
Historias de emprendedoras que partieron con una idea y la hicieron prosperar.
A los 16 años, en el colegio, María Francisca Pérez diseñó un estuche para ella misma: sus compañeras lo vieron, les gustó y comenzaron a pedirle que hiciera otros. Lo que partió como un hobby escolar terminó transformándose en un emprendimiento que hoy supera los 700.000 seguidores en Instagram, da trabajo a más de 20 mujeres y acaba de abrir una tienda en Parque Arauco.
Pérez (26) creció en La Estrella, pequeña localidad de la Región de OHiggins, ubicada a unos 130 kilómetros de Rancagua y 160 kilómetros de Santiago. Desde chica le gustaba diseñar y también vender cosas en el colegio; a fines de 2017, cuando estaba terminando tercero medio, comenzó a mostrar sus diseños entre sus compañeros.
Ese diciembre mandó una foto al grupo de WhatsApp del curso; para marzo, gran parte de ellos ya tenía uno de sus estuches. Después comenzaron a llegar pedidos de otros niveles.
La demanda creció al punto de que Pérez ya no podía hacerse cargo sola de la confección. Entonces buscó a mujeres de la zona que tuvieran conocimientos de costura y quisieran trabajar con ella. Su madrina, quien es modista y había confeccionado los primeros estuches, fue quien las capacitó. «Buscamos mujeres que supieran lo básico. No era necesario que fueran expertas; para mí era más importante que quisieran trabajar», recuerda.
La producción llegó a entre 50 y 100 estuches mensuales. Para financiarla, Pérez invirtió los $50.000 que tenía ahorrados para comprar materiales. «Nunca tuve que volver a ponerle capital. Desde el comienzo, la propia marca fue generando los recursos para seguir creciendo», cuenta.
La bautizó Kadú, nombre que reúne tres conceptos que buscaba transmitir: color, arte y diseños únicos.
El gran salto
Cuando ingresó a Ingeniería Comercial en la Universidad Adolfo Ibáñez, Pérez decidió dejar el proyecto en segundo plano para concentrarse en sus estudios. Entonces la cuenta de Instagram de Kadú (@kaduchile, https://s.lun.com/inscv3) tenía cerca de 30.000 seguidores. Una vez que terminó la carrera, volvió a tomar las riendas del negocio y comenzó a dedicarle más tiempo. Hoy, la comunidad supera las 700.000 personas.
Fue entonces cuando decidió ampliar la oferta y comenzó a desarrollar carteras veganas. La idea, explica, respondía tanto a una decisión personal como a la búsqueda de un espacio propio dentro del mercado: «No quería hacer carteras de cuero. Ya existe una oferta enorme de ese tipo de productos y siempre me han gustado mucho los animales. Por eso decidí que nuestras carteras no tuvieran materiales de origen animal».
La confección siguió en manos de quienes habían participado en los primeros años del emprendimiento. Actualmente, más de 20 mujeres de La Estrella trabajan en la manufactura.
Para Pérez, esa relación es parte fundamental de la propuesta de Kadú. «Desde el principio quise que ellas siguieran siendo parte de este proyecto. Cuando alguien compra una cartera, también está apoyando directamente a una mujer que tiene ahí una fuente de ingresos. Esa dimensión social es muy importante para nosotros, al igual que el hecho de que todo se haga a mano», define.
El color es otro de los elementos que Pérez identifica como una de las claves de la marca. «Siempre me han gustado los colores. No quería caer en lo típico: la idea era crear diseños que llamaran la atención y que pudieras reconocer de inmediato. Cuando alguien usa un producto Kadú se nota a un kilómetro. Creo que esa identidad nos ha ayudado mucho a crecer», dice.
Ahora su objetivo es llevar a Kadú fuera de Chile. Hace poco, la marca participó en Copenhagen Fashion Week y apareció en Vogue. Perú aparece como el primer destino de su plan de expansión. «Es uno de los países desde donde más nos piden. Queremos llegar allá y después avanzar hacia España. Si se dan las condiciones, también nos gustaría estar en otros mercados europeos», adelanta.
La semana pasada abrió una tienda exclusiva en Parque Arauco: sus carteras van desde $29.990 hasta $69.990.
Otro caso inspirador
Sandra Hernández (42) pasó 15 años trabajando en la industria farmacéutica antes de decidir emprender. Química farmacéutica e ingeniera comercial, creó My Vital, empresa de suplementos alimenticios enfocada en la salud de la mujer.
Para comenzar, recurrió a sus propios recursos, utilizó tarjetas de crédito y un crédito de consumo. Hoy, su empresa factura 2,5 millones de dólares al año y se prepara para entrar a otros mercados de Latinoamérica. Cuando comenzó, la primera venta mensual no alcanzaba los $5 millones: se trató de vitamina D en gotas que fabricaban en Canadá.
¿Cuál fue la clave de su crecimiento?
«En este rubro nadie te regala un espacio en la góndola. Hay que ganárselo producto por producto y médico por médico. Nuestra ventaja frente a laboratorios mucho más grandes ha sido la consistencia científica y mantener ese estándar desde el principio».
«Cuando alguien usa un producto Kadú se nota a un kilómetro», afirma María Francisca Pérez, fundadora de la marca.
«Cuando alguien compra una cartera, también apoya directamente a una mujer que tiene ahí una fuente de ingresos» María Francisca Pérez


