Chile vive una paradoja. La expectativa de vida supera los 81 años, la segunda más alta de América solo por detrás de Canadá. Pero, al parecer, esos años extra que estamos viviendo no son de buena calidad, a juicio de un reciente estudio elaborado por el exministro de Salud, Jaime Mañalich, en conjunto con la investigadora, Carmen Cifuentes, publicado por Clapes UC. En el trabajo «Invertir en salud para aumentar la productividad en Chile», el también médico plantea, en simple, que «la productividad está en parte estancada porque somos un país enfermo», física, y mentalmente.
El estudio plantea la baja productividad asociada a las condiciones de salud de los trabajadores, no tiene que ver necesariamente con ausentarse del trabajo por una licencia médica, sino va más allá: personas que estando en edad de poder ingresar al mercado laboral, no lo hacen por enfermedad. «Más allá de su efecto sobre la productividad de los trabajadores, las condiciones de salud determinan si las personas participan o no en el mercado laboral. Este canal opera principalmente a través de enfermedades crónicas e incapacidades que reducen la capacidad funcional por debajo del umbral necesario para sostener una relación laboral, y es especialmente relevante para tres grupos: trabajadores mayores, mujeres en edad reproductiva, y personas con condiciones de salud mental severas. Tenemos un problema en la productividad porque las personas que están en capacidad de trabajar en Chile están enfermas».
Mañalich aporta un dato relevante: desde 2010 a la fecha ha aumentado el porcentaje de personas que integran la fuerza laboral, pero no trabajan producto de alguna patología ya sea física o mental. «Mientras el ausentismo reduce temporalmente la productividad de trabajadores que permanecen en el mercado laboral, la inactividad por salud los extrae de él de manera permanente, con efectos duraderos sobre la oferta laboral agregada. «La Encuesta Nacional de Empleo permite rastrear la evolución de la inactividad por razones de salud permanentes a lo largo del tiempo. Al trimestre marzo-mayo de 2010, esta categoría comprendía al 9,5% de las personas fuera de la fuerza de trabajo; en igual período de 2026 esa proporción alcanza el 13,0%».
Mañalich afirma que, de 2010 hasta el presente, ha aumentado en porcentaje la cantidad de personas que dicen no estar buscando trabajo, por motivos de salud, según la encuesta laboral del INE. Y esto se traduce en cifras: «En términos absolutos, entre 2010 y 2026 la inactividad por motivos de salud permanente acumuló aproximadamente 510 mil personas adicionales, declarándola como razón principal de su inactividad, siendo superada solo por la jubilación en magnitud de crecimiento (555 mil personas)», superando a otras razones que porque no buscan trabajo, como estar estudiando, responsabilidades familiares o búsqueda desalentada.
Y recalca que en 2010: «9,5 personas de cada 100 decía no estar buscando trabajo por tener algún problema de salud. Eso hoy día ha subido al 13%. Son personas que se autoexcluyen del mercado laboral. Desde 2010 medio millón de personas no participan del mercado laboral porque están enfermas»
Si la expectativa de vida ha aumentado, ¿por qué la población en edad de trabajar está más enferma?
«Porque hay una gran diferencia entre el aumento de la expectativa de vida biológica y la expectativa de vida saludable. En Chile, esa brecha es de 14 años. Es decir, de los años potencialmente productivos hasta la vejez, 14 de ellos no pueden trabajarse a plena capacidad por enfermedad. No hemos avanzado en prevención oportuna ni en diagnóstico temprano. Un ejemplo claro es la diabetes: tenemos una prevalencia en adultos del 14%, una de las más altas del mundo, y al no diagnosticarla ni tratarla a tiempo, se acumula una pérdida de capacidad laboral devastadora.
Nos hemos quedado atrás en proteger la salud de los trabajadores para que envejezcan saludablemente y para que tengan más años productivos. No hay prevención oportuna de enfermedades, no hay diagnóstico temprano».
En el estudio se aborda el concepto de «presentismo», muy asociado a la baja productividad, que son trabajadores que estando en horario laboral, tienen una baja productividad asociada a alguna patología no tratada. Mañalich explica: «El ausentismo mide si la persona faltó o no a su trabajo. El presentismo, en cambio, ocurre cuando el trabajador acude, marca su asistencia, pero su rendimiento cae drásticamente debido a una dolencia física o un problema de salud mental como depresión o angustia. La persona va a trabajar sin estar en condiciones reales de hacerlo. Estuvo allí seis o siete horas, pero su producción real fue mínima».
Usted plantea la necesidad de invertir más en la salud de los trabajadores. ¿Cómo se compatibiliza esto con el desempleo y los altos costos de contratación?
«Es una conversación crucial que debe darse entre el ministerio de Salud y el ministerio de Hacienda.
Históricamente, el gasto en salud se ha visto sólo como un costo y no como una inversión en capital humano, que es clave para la producción. Cuando la productividad per cápita es baja, el empleador pierde el incentivo de contratar porque el impacto en la producción va a ser muy pequeño. En Chile tenemos un ejemplo de nivel mundial con las mutuales de seguridad, donde el empleador financia la protección preventiva frente a accidentes de trayecto o enfermedades profesionales. Sin embargo, ese enfoque no existe para la salud curativa general. Hoy vemos un avance porque muchas empresas e instituciones están financiando seguros complementarios de salud para sus trabajadores».
Propuestas
En el estudio se propone, entre otras medidas, incorporar a las políticas públicas: 1. Focalizar recursos en su prevención y manejo temprano, con especial énfasis en el primer nivel de atención y en el entorno laboral. En salud mental, esto incluye ampliar el acceso oportuno a tratamiento y fortalecer las estrategias de detección temprana; en el ámbito musculoesquelético, priorizar la ergonomía, la prevención de lesiones y la rehabilitación precoz. 2. Programas de pesquisa y control de enfermedades crónicas en población activa de mayor edad (de 45 a 64 años), así como medidas que faciliten la permanencia y reinserción de los trabajadores mayores. 3. Esquemas de reincorporación gradual tras licencias prolongadas, adaptación de puestos de trabajo y acompañamiento a trabajadores con condiciones crónicas, orientados a preservar el vínculo laboral.