«Tenemos que buscar la conexión entre ciencia aplicada y resultados concretos para los agricultores»

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María Teresa Pino, nueva directora del Inia, explica hacia dónde apuntará su gestión

La institución tiene que modernizarse para hacer los procesos más eficientes, agrega.

Tres décadas de trayectoria profesional dentro del Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA) posee María Teresa Pino, la nueva directora del organismo dependiente del Ministerio de Agricultura, quien fue ratificada como titular hace un par de semanas.

Pino es agrónoma de la Universidad de La Frontera, doctora en Hortofruticultura de la Oregon State University (EE.UU.), y diplomada en Negocios y Empresas Innovadoras de la Universidad de Los Andes.

Comenzó en los 90 en la institución, como practicante en la Región de la Araucanía. Posteriormente se fue a Punta Arenas y entre los años 2000 y 2005 se trasladó a EE.UU. para doctorarse.

«Estamos trabajando con aplicaciones de IA en el ámbito agropecuario. Por ejemplo, hemos conversado con Stanley Best, investigador del INIA, sobre los robos de animales en los campos y analizamos nuevas tecnologías provenientes de China y de otros países que permiten, mediante imágenes o cámaras térmicas, localizar al ganado», adelanta en cuanto a las líneas de trabajo de la institución.

«En cuanto a temas agroclimáticos, contamos con datos cada 15 minutos, obtenidos de la red agrometeorológica. Lo relevante es cómo procesamos esa información, cómo la entregamos y qué requieren los productores. La IA puede ayudarnos de manera significativa en rapidez y resultados», señala.

¿En qué beneficia que la directora del Inia haya hecho carrera en la institución?

«Tiene notables ventajas como conocer la institución desde hace 30 años, bajo diferentes perspectivas. Aquí hice mi práctica profesional, luego me desempeñé como profesional de apoyo, posteriormente de planta y así sucesivamente. Ese transitar permite conocer profundamente la institución en todas las áreas. Además, he trabajado en la Región de la Araucanía, en Punta Arenas y en Santiago, por lo que tengo conocimientos vinculados a las particularidades y necesidades de los territorios. Junto con ello, me posibilita conocer la institución a fondo y alinear los intereses dentro de ella y hacia afuera. En los últimos cuatro años me desempeñé en cooperación internacional y supe qué es lo que hacen otros «Inia» del mundo. Todo esto hace llegar con más facilidad y tranquilidad al mundo político, empresarial y de los agricultores».

¿Cuáles serán los principales lineamientos de su gestión?

«Nuestro objetivo es impulsar la competitividad y la sostenibilidad del sector agroalimentario en general, a través de la innovación, la investigación aplicada, la extensión y la transparencia. Los ejes principales son mejorar la gestión interna de la institución. Lo he dicho en varias oportunidades: la institución tiene que modernizarse para hacer los procesos más eficientes y rápidos. También, trabajar muy fuertemente en sostenibilidad de la agricultura y de la ganadería, modernizar los bancos de recursos genéticos del Inia y el sector de agroinnovación, pero utilizando plataformas tecnológicas. Todos los organismos a nivel mundial trabajan con plataformas tecnológicas habilitantes de agricultura digital, con IA, junto a nuevas herramientas genómicas, biotecnológicas y bioinsumos. Tenemos que buscar la conexión entre ciencia aplicada y resultados concretos para los agricultores. Es decir, tecnología que permita tomar decisiones prácticas».

¿En qué se traduce modernizar la gestión?

«Como es una institución tan grande que está en todo Chile, necesitamos gestionar y facilitar los temas administrativos, como los proyectos, los recursos humanos y todas las unidades de apoyo a la investigación. Además, hacer que la investigación llegue de forma más efectiva hacia el sector productivo».

Algunos cuestionan al Inia porque sus investigaciones no llegan al mercado…

«Es precisamente eso. Es un tema que me ha tocado sobre todo estos últimos meses responder. Contamos con muchos ejemplos donde tenemos efectivamente información que llega a los productores. Uno muy concreto es una red agrometeorológica presente en todo Chile, desde Visviri hasta Tierra del Fuego. En total, son más de 400 estaciones, de las cuales 183 son del Inia. El resto pertenece a la Dirección Meteorológica de Chile, otras instituciones de investigación y universidades. Esa unión ya refleja que no trabajamos solos, sino que conectados con el sector privado y otras instituciones. Además, permite dar un soporte de información para la toma de decisiones prácticas para los agricultores en temas de alerta temprana, modelos predictivos, apoyo directo al productor.

Otro ejemplo es el desarrollo de aplicaciones de alerta para el Tizón Tardío (causado por Phytophthora infestans, un organismo similar a un hongo perteneciente a la clase Oomicetes), enfermedad que afecta a las papas, creada por Ivette Acuña, investigadora del Remehue, en la Región de Los Lagos. Esta aplicación (descargar en www.tizon.inia.cl) entrega al productor información inmediata sobre cuándo sus papas pueden estar enfermas, descargándola en su celular. Cuando hay condiciones climáticas de humedad y temperatura, la aplicación les avisa mostrando alertas: luz amarilla, si se están acercando las condiciones para que ataque el hongo, proceda de tal forma con acciones preventivas con un producto concreto; luz roja, si viene con fuerza, indicando, por ejemplo, aplicar ciertos productos. Muy pronto lanzaremos una aplicación para alertar en temas climatológicos».

La nueva directora suma otras soluciones. «Tenemos variedades de quinoa, arroz, papas, porotos y de lupino, entre otros, que se pueden ocupar en el mercado. Cada centímetro de arroz cultivado en Chile es una variedad genética desarrollada por nosotros. Tenemos otra aplicación, llamada Ostlab, que funciona como un escáner que permite establecer si un huerto de arándanos está listo para cosechar. No solo contamos con el banco de microorganismos más importante de América Latina, sino que generamos bioinsumos y tenemos una biofábrica en la Región Metropolitana que los produce para que los pueda aplicar el agricultor.

30 AÑOS lleva Pino en el Inia.

«Tenemos variedades de quinoa, arroz, papas, porotos y de lupino», María Teresa Pino.

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