Ya existe software que lee miles de tomos en segundos y ayuda a redactar demandas
Pablo Tromben creó plataforma que permite a usuarios comunes recibir orientación legal.
Cuando la inteligencia artificial se asomaba hace un lustro, se habló mucho entonces sobre cómo iba a afectar al derecho y, en específico, al trabajo de los abogados: es que esos papiros enormes que tomaba horas revisar ahora se podrían analizar en segundos. Gracias a ese poder, se suponía, cualquier persona podría solucionar sus inquietudes al instante.
Pablo Tromben sabe de esas expectativas y las está haciendo realidad. Abogado especialista en tecnología, junto a su socio Javier Correa fundó hace poco más de un mes la plataforma legu.cl (https://acortar.link/yvLZPp), donde cualquier persona puede hacer consultas legales a un asistente de IA y recibir orientación inmediata sin registrarse.
Si el caso lo amerita, el sistema conecta al usuario con un abogado verificado para continuar la asesoría. «La idea es que si alguien tiene un problema legal -por ejemplo, que no le pagan las horas extra- entre al sitio, pregunte, reciba una explicación clara y pueda ser conectado con un abogado especializado si lo necesita».
Paralelamente, esta plataforma ofrece herramientas específicas de IA para abogados, como chequeo rápido de documentos y análisis de resoluciones, lo que acelera tareas que antes consumían horas: usan revisores digitales de contratos, asistentes de derecho procesal civil y sistemas capaces de identificar brechas, riesgos y cláusulas sensibles.
«Revisar un contrato largo puede tomar dos o tres horas, pero con un asistente de IA lo revisas en menos de un minuto y después complementas con tu criterio profesional», promete Tromben, quien asegura que en Legu el riesgo de la IA «alucine» es menor, pues su desarrollo ha sido construido a mano por ellos mismos.
¿Cómo se está integrando la IA al trabajo legal?
«Respecto a si la inteligencia artificial va a reemplazar al abogado, yo te diría que no. Siempre va a haber un humano en el loop revisando y usando estas herramientas. La IA no reemplaza al abogado, pero sí va a reemplazar a los abogados que no la ocupen. Hace que todo sea más eficiente y rápido: con la misma cantidad de personas en el estudio, puedes tomar mucho más trabajo».
¿Nota diferencias dentro de su gremio entre quienes usan IA y quienes no?
«Sí, creo que ya se nota una brecha, aunque no esté medida con encuestas. Hay dos perfiles: los que no quieren usar IA y los que sí la están aprovechando. Los segundos trabajan más rápido, dan respuestas más completas y en menos tiempo, y además tienen más tiempo disponible. Tiempo para hacer más trabajo, para pensar en la estrategia del bufete o simplemente para descansar».
Duolingo legal
Karen Irigoyen desarrolló Legal Quiz para modernizar el estudio del derecho y adaptarlo a estudiantes que ya no funcionan con métodos tradicionales. La app transforma materia densa en ejercicios breves y rutas de aprendizaje que permiten estudiar desde el celular sin caer en la rigidez académica clásica. «Veía a los estudiantes ahogados en materia, llenos de apuntes eternos y sin herramientas modernas. Quise crear algo realmente útil, un Duolingo legal que permitiera estudiar de manera más dinámica y cercana a cómo hoy aprenden los jóvenes», define.
La IA dentro de la plataforma analiza en qué preguntas fallan y qué módulos requieren ajustes, combinando focus group con análisis automatizados. «Nosotros no usamos la IA para inventar derecho; la usamos para entender cómo estudian los alumnos, qué les cuesta, cuánto tiempo dedican a cada módulo y cómo mejorar el flujo. Nos ayuda a pulir la aplicación para que el aprendizaje sea más efectivo», afirma (legalquiz.cl, https://acortar.link/Ol1mhy).
En la formación universitaria, recalca, el cambio es aún más visible. En los focus groups que organiza para evaluar su app se ha percatado de que todos los estudiantes hoy están usando IA para practicar, pedir explicaciones o generar casos. Sin embargo, advierte que la imprecisión es el mayor riesgo: un error en una causal, un artículo mal citado o una referencia extranjera puede costar un examen de grado. «En la IA hay alucinaciones y se pueden cometer errores graves. Si preguntas por las causales de término del matrimonio, te dicen cuatro, cuando en Chile son cinco. En un examen eso te puede costar la reprobación».
¿Y qué pasa con la lectura de textos gigantes?
«Ahí sí se nota la diferencia. La redacción de demandas, la revisión de grandes volúmenes de documentos o identificar argumentos jurídicos relevantes son tareas que la IA hace muy bien y que antes tomaban días. He conversado con muchos abogados y todos coinciden en que la IA está simplificando la pega. Un software que te ayuda a redactar una demanda te quita horas o días de trabajo. Pero lo que no va a reemplazar es la gestión del juicio, la estrategia, la defensa en sí, que sí requiere criterio jurídico. Eso sigue dependiendo del abogado y del juez».
¿Habrá abogados que trabajen casi en automático gracias a la IA?
«Hay áreas donde la IA no va a entrar, como los jueces. No veo posible que un juez sea reemplazado por una IA en el corto ni mediano plazo. En cambio, sí creo que áreas como la procuraduría o la gestión administrativa van a cambiar bastante, porque ahí la automatización reemplaza muchas funciones. Todo lo que es trámite, presentación de escritos y organización de causas, eso sí se va a ver afectado»


