Senda realizó una consulta entre 59 mil jóvenes
Este martes el Servicio Nacional para la Prevención y Rehabilitación del Consumo de Drogas y Alcohol (Senda) lanza su nueva campaña de prevención. Bajo el nombre de «1412, esto es sin juzgar», el organismo centra el foco en el desconocimiento de los tratamientos y los peligros del consumo temprano de sustancias ilícitas.
«Estamos apuntando a los jóvenes con un formato de audioserie que ellos escuchan permanentemente», dice Natalia Riffo, directora nacional de Senda.
La elección del público tiene una razón de peso. Según cifras del organismo, de un total de 59.379 estudiantes de 8° a 4° medio encuestados, 24% declaró haber consumido alcohol en el último mes; 18,8% marihuana y 9,5% tranquilizantes sin receta médica.
La edad promedio de inicio es de 13,6 años para el alcohol; 13,8 para tranquilizantes sin receta médica; 14,4 años para marihuana y 14,7 años para cocaína. En cuanto a tratamientos de rehabilitación, 67,7% de los adolescentes lo hizo por consumo de marihuana, 8,8% por cocaína y 8,5% por alcohol.
Pese a estos números, Natalia Riffo destaca que «hubo una baja en el consumo de alcohol y marihuana, ya que parte del estudio se hizo durante las cuarentenas, lo que nos hace pensar que fue debido al control parental y una disminución del acceso (a las sustancias) durante los encierros».
No obstante, se mantuvo el consumo de tranquilizantes sin receta médica: «El 50% de los adolescentes declaró obtenerlos de algún adulto con el que conviven. Eso nos habla de un desconocimientos sobre los riesgos de estos medicamentos y un aumento de las problemáticas de salud mental».
Natalia Riffo hace hincapié en otro punto: «Cualquier consumo de sustancias es de mayor riesgo cuando la población es menor de edad. Por la conformación y el tema neurobiológico, hay un cerebro que está en formación. También por competencias interpersonales, como el autocontrol y saber decir no. Eso es algo que se va aprendiendo, tiene que ver con la madurez. En la adolescencia, por una característica de desarrollo, hay una predisposición a probar algunas cosas. Si no hay control parental y de espacios ese consumo puede transformarse en algo crónico», advirtió.


