A matinal revuelto, ganancia de Macarena

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Esta semana «Buenos días a todos» bien pudo haberse llamado «El escándalo de la mañana». El discursito de que es un programa libre de esa «lacra» llamada farándula se les cayó en menos de 48 horas. Y todo queda en familia: sólo hablando de la hija de una de sus opinólogas el matinal ha logrado neutralizar la amenaza que representa «Bienvenidos».

Ayer, ya sabemos: una riña que no fue callejera sólo porque no estaban en la calle y donde los cuchillazos fueron verbales. Así vi a los protagonistas del incidente.

Raquel, la maletera: Ha pasado por todas las etapas entre lunes y martes. De pelar a su hija («es mayor de edad cuando le conviene») a cuidarle las espaldas («son conversaciones privadas entre ella y yo»). De feminista recalcitrante («hay hombres que manipulan a las mujeres») a cultora del laissez-faire («que el porrazo sea fuerte»). De alharaca («tengo el 99% de confianza en que no va a dejar la carrera botada») a apocalíptica suegra («si Pablo no tiene una carrera ella va a tener que mantener la casa»). De muerta de pena (el lunes) a matona inmisericorde (ayer).

Mauricio, el perdido: Eso de bajar a sentarse al lado de la mujer que se acababa de acriminar con un señor que está luchando contra una enfermedad complicada, máxime siendo el mandamás del programa, dejó todo que desear. Mañana esta señora le puede sacar la madre a la numeróloga y Correa le organizará una once como premio (por subirle el ráting).

Ricarte, el masacrado: Quedó absolutamente groggy con el golpe bajo de su compañerita de trabajo. A lo más atinó a decir «yo me abstengo de opinar», a lo que siguió un amago de retirada y un mutismo que decepcionó pero sobre todo entristeció a sus seguidores.

Felipe, el cónsul: Luego del trompazo moral que le chantó Raquel a don Ricarte el halcón de Chicureo involucionó en el pichón de Bellavista. Lejos de reprocharle su evidente mala leche solidarizó con Kel con frases como «siento que debe estar tremendamente presionada». Y mientras, la dignidad de Ricarte se retorcía de dolor.

Carola, la clarita: La semana pasada metió las patas con ganas al cambiarle el nombre al programa (y bautizarlo como la archicompetencia), pero en el debate kelístico de estos días se ha reivindicado. «Yo trabajo desde los 15 años. A los 20 igual estaba perdida.» fue una de sus confesiones entre empatizando y matando a la hija de Raquel. Además aportó datos como que ahora sí Andrea Dellacasa estaría dispuesta a decir lo que pasó entre ella y Schilling mientras Kel se azotaba con su mexican lover .

Maca, la jugada: No ha cedido un milímetro de su posición al asegurar que hubo golpes y «mensajes muy subidos de tono de Schilling a Kel» («me constan palabras textuales de Pablo Schilling a Kel Calderón que no se le dicen a ninguna mujer»). Diagnosticó que «Pablo está sicológicamente mal» y denunció que «está constantemente recordándole que es capaz de cualquier cosa si lo deja». Habló de maltrato sicológico y le preocupa una eventual reacción física violenta del musculín. Alguien que se ponga las pantaletas.

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