Carboneros a sueldo, el último grito de los realities

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Los chismes que hacen correr Matías Vega y Tom Brusse encienden los encierros televisados de hoy.

Ya que los dos realities en cartelera en nuestra TV abierta están quemando sus últimas semanas, destaquemos los roles de dos personajes secundarios que han resultado claves para mantener la tensión dramática en ambos proyectos. Son Matías Vega de «Vecinos al límite» (Canal 13) y Tom Brusse de «¿Volverías con tu ex? 2» (Mega).

El primero partió muy niño en la pantalla chica. Es el mejor imitador mundial (juicio personal) de Fito Páez. Lo demostró el 2021 en «The covers» de Mega.

El segundo es un divertido marroquí criado en Francia que en «La isla de las tentaciones» del 2020 rompió con su mediática pareja Melyssa Pinto (actual media naranja del actor español Mario Casas). En «El internado» de Mega tuvo una tortuosa relación con nuestra Camila Nash (hoy ella también ingresó a la presente temporada de «Volverías»).

Ambos cumplen la función de ser cizañeros y carboneros, llevando información de un bando a otro. De esta manera trasladan información (básicamente pelambres) que sería imposible de obtener de otro modo. Es una tarea que no había visto antes tan marca y deliberadamente asumida en los reality.

Matías se encarga de organizar dinámicas y competencias con los participantes, pero sobre todo de ponerlos en antecedentes de lo que se habla de ellos a sus espaldas.

Una de sus intervenciones que trajo más consecuencias fue una talla que tiró, a propósito de una prueba en que ganaba el equipo que se mantuviera bailando toda la noche. Comentó delante de todos que Agustín Pastorino y Carolina Vergara se habían lucido bailando lentos. Eso y que el cordobés no solo no lo desmintiera sino que además le siguiera la corriente a Vega provocaron la ira de Paz Roldán. Ella hasta ese minuto andaba a los arrumacos y besos con el argentino y consideraba a la personal trainer aludida su archienemiga.

En el caso de Tom, su mayor logro como lenguaraz a sueldo ha sido cuando hace poco le contó a Bárbara Muriel que su némesis Oriana Marzoli estaba comiendo en su cama, un lugar sagrado para la trasandina. Bastó que le dijera eso para que descargara una montaña de pimienta sobre su plato.

Eso es televisión. Eso es vida.

Tengo dos amigos muy jóvenes, pero que de cuando en cuando tienen actitudes que los hacen parecer octogenarios. El otro día quería hacerle una broma a un tercer carnal, pero no andaba con mi celular. Se los pedí a ellos y ¿sabe lo que respondieron? «Almorcemos tranquilos». Pffffff. Si hubieran estado en esa mesa Matías o Tom seguro me prestaban el cuernófono.

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