¿Dónde se fueron los programas de verano?

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De pronto nos quedamos sin un solo espacioque esté a tono con la teleaudiencia en modovacaciones.

Hace no mucho, cada vez que llegaba enero, la televisión se volvía tierra fértil para todo tipo de humoradas estivales, pilotos al aire y oleadas de banalidad. Eran intentonas que no tenían ninguna oportunidad en la parrilla del resto del año, mitad porque la estación no acompañaba esas dinámicas, mitad porque habían vuelto los rostros top de vacaciones y con ellos los «programas de verdad». Era como si el umbral de exigencia hubiera sido consensuadamente bajado por todos los canales y los mismos televidentes.

Recuerdo uno en que Memo Bunke guitarreaba y contaba chistes en la playa. Estaba recién masificándose internet en nuestro país y lo mejor fue su título, «Buenos pal web». Iba por La Red. Otro lo conducían Gonzalo Feito y el «Chico Jano», «Ciudad cuática». Era transmitido desde el soleado techo de las antiguas instalaciones de Chilevisión. Era la televisación de la realidad de quienes no salían de Santiago en esa época. Recuerdo a Feito cruzando la Avenida Santa María en un excusado con ruedas. Locuras de juventud.

El propio Feito condujo «Guerra de bares», de Mega, una especie de reality cuyo único mérito era mostrar refrescantes imágenes veraniegas.

También estaba «Contigo en verano», que formó parte de la larga secuencia de tropezones de Felipe Camiroaga antes de darle el palo al gato con «Animal nocturno». Le llamaban despectivamente «Castigo en verano».

«Venga conmigo» en enero se transformaba en un festival itinerante de modelos como Pato Laguna y María Alberó, personajes como «El malo» (Daniel Muñoz) y «CNN» (Carlitos Núñez Núñez, personificado por Claudio Moreno). El «Pollo» Fuentes, exitosísimo animador al que jubilaron muy temprano de esas funciones, venía a ser un Vodanovic a escala regional, menos ceremonioso y más cercano.

Para qué hablar de «Mekano». No bien despuntaba el año, se entregaba sin complejo alguno (nunca los tuvo, por lo demás) a lanzar a todo su elenco a bailar con el mar de fondo, todos en traje de baño. Era como el cesante eterno, que en enero y febrero se relaja y deja de buscar trabajo: nadie de su familia lo criticará por descansar en verano.

Por lo visto este año no tendremos ese tipo de opciones en el menú televisivo. Raro, porque eran soluciones baratas, efectivas y desechables. Llegaba marzo o incluso antes, el Festival de Viña y bajaban la cortina, sin ninguna pretensión de continuidad.

Ahora existe una suerte de alergia a acercarse a todo lo que sea frívolo, como si distenderse no fuera también parte de la vida y de la TV.

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