Historiador Pablo Lacoste analiza la antipatía criolla por los hermanos trasandinos que afloró en el Mundial
La gente acá, mayoritariamente, pero no solamente ahora, sino también en los mundiales anteriores, tiende a estar del lado de los rivales de Argentina, expuso el académico que vive en Chile desde 2003.
Pablo Lacoste (63), mendocino avecindado en Chile desde 2003, ha estudiado las relaciones entre Chile y Argentina, que cada tiempo se suelen tensar por razones geopolíticas y deportivas, como se vio en el último Mundial, cuando se percibió que la mayoría de la población no alentaba el triunfo trasandino. Por eso está convencido de que los presidentes de ambos países deben incluir, de forma urgente, en sus agendas, mecanismos de acercamiento y complementación para mejorar las relaciones futuras. Y, claro, también está consciente de que sus compatriotas deben perfeccionar algunos aspectos para no parecer arrogantes y que tampoco deben enarbolar teorías conspirativas estrafalarias para justificar la derrota ante España.
«Hay mucha tensión que se percibe. Se ha ido imponiendo una memoria y una historia manipulada hacia una dirección inexacta, y mucha gente lo ha tomado como algo propio. Lo vemos con actitudes, comportamientos y cantitos agresivos. De Argentina hacia Chile y de chilenos hacia Argentina. Y esto es porque ha habido un mal trabajo de los historiadores de los dos países. Se ha creado una actitud hostil que es urgente cambiar, porque los intereses de Chile y Argentina son cordializar los vínculos bilaterales… Chile necesita una estrategia de mejoramiento de vínculos emocionales con los países vecinos, con Argentina, Bolivia y Perú», explicó Lacoste, historiador de la Universidad Nacional de Cuyo, doctor en Historia de la Universidad de Buenos Aires y académico de la Universidad de Santiago.
¿Cree que en este Mundial se manifestó un antiargentinismo en los chilenos?
«La gente acá, mayoritariamente, pero no solamente ahora, sino también en los mundiales anteriores, tiende a estar del lado de los equipos rivales de Argentina. Mi esposa trabaja en una empresa que tiene 300 empleados y todos iban por Inglaterra cuando jugó contra Argentina y así sucesivamente».
¿Los argentinos contribuyen a este antiargentinismo al caer en conductas arrogantes?
«Sí, eso es cierto también. Hay un toque de arrogancia, de falta de amabilidad. Por un lado hay algo de eso, pero por otro Argentina recibió 3.000.000 de inmigrantes italianos, cuando tenía una población de 1.500.000 habitantes argentinos. Eso hace que la influencia italiana en Argentina sea gigantesca y se percibe en la sobre teatralización de los italianos en su forma de ser. Y eso también es chocante para algunos, pero también hay que entenderlo. El chileno es más calladito, tiene un perfil más bajo, más moderada. En cambio, el argentino habla alto, gesticula y teatraliza mucho más. Tiene una manera de ser mucho más demostrativo y eso en Chile se percibe como exagerado, a veces avasallante, se ve como algo pedante, pesado y repudiable. Son maneras de ser. Hay una parte en que no se puede culpar a la Argentina, pero hay otra de actitudes arrogantes, que es parte de los vicios de los pueblos. Eso hay que mejorarlo. Hay muchos chistes: por ejemplo, que en Argentina no hay terremotos porque ni la tierra nos traga».
O que los argentinos se lanzan de su ego para suicidarse.
«Claro, se suben al ego y se tiran de cabeza. Algo de eso efectivamente ocurre. También es cierto que en Argentina hay una cultura alrededor del fútbol. Cuando termina un partido, el lunes la gente llega a la oficina y el equipo que ganó se burla del equipo que perdió, pero como parte de un juego, y al lunes siguiente será lo mismo, pero al revés. Dentro de la cultura argentina eso crea sociabilidad. Es una manera de reírse unos con otros y se mantiene la amistad, eso no se toma como ofensivo. Pero fuera de Argentina entiendo que, los que no están acostumbrados, lo sufren y lo sienten como una cosa insoportable y chocante. Son formas diferentes de ser. Hay gente arrogante e insoportable. Eso hay que mejorarlo y hacer autocrítica, pero también es una forma de ser de gente que está acostumbrada a vivir así».
¿Pueden parecer malos perdedores al plantear teorías conspirativas para explicar la derrota en el Mundial?
«Hay gente que es mal perdedor y tiene ese tipo de conducta. Los hechos de violencia son absolutamente repudiables y lamentables, es una cosa de inmadurez o un estado de nerviosismo».
Hablan de castigo de 10 años que aplicareía la FIFA por la bandera de Las Malvinas y que el FBI iba a detener a Chiqui Tapia.
«Esas son cosas estrafalarias, sin ningún fundamento. España ganó porque fue ampliamente superior, y podría haber ganado por goleada. Eso fue lo que futbolísticamente ocurrió. No hay ningún atenuante, hay que reconocer. España fue mejor, ganó con plena justicia la final del Mundial. Y Argentina llegó a la final y está muy bien, lleva un logro importante también eso. Y listo».


