El locutor reflexiona sobre su relación con la tecnología, el celular y el streaming
Veo el riesgo en mis hijos, que pueden pasar horas consumiendo con cierta glotonería esos shorts de YouTube o Tik-Tok, comenta.
En esta conversación, el conductor y escritor Iván Guerrero habla sobre streaming, inteligencia artificial, teléfonos que funcionan como «cantos de sirena» digitales y la preocupación que le genera cómo las nuevas generaciones consumen contenido en la era de la hiperconectividad.
¿Qué es lo primero que hace con su teléfono cuando despierta?
«Lo primero que hago es ver el tiempo. Luego, enciendo la linterna para buscar ropa en el clóset y no despertar a mi mujer ni a alguno de mis hijos que, de seguro, se pasó a nuestra cama en mitad de la noche».
¿Hay alguna app que hoy considere indispensable?
«Waze. Hasta para ir a la esquina».
Viene de un mundo ligado a la música. ¿Cómo cambió su relación con ella desde que todo pasó a streaming? ¿Sigue utilizando formatos físicos?
«Si, continúo escuchando discos de vinilo: sigo considerando que escuchar música en formato físico es una experiencia de escucha inigualable. Pero claro, ando con los audífonos para todos lados y cualquier caminata, por breve que sea, significa recurrir al streaming de inmediato».
¿Qué tan distinto es escuchar música hoy versus hace 15 años?
«Creo que se ha vuelto más solitario, como todo. Antes del streaming la experiencia con la música era más compartida y gregaria. Lo hacías con otros. Conseguir los originales para copiarlos te exigía vincularte y compartir tu satisfacción por tener ese registro. Hoy te enchufas los fonos, abres tu teléfono y ahí está toda la música del mundo. Bonito, pero solitario».
¿La tecnología lo ha hecho más productivo o disperso?
«Es difícil hacer la comparativa. Antes de la llegada masiva de la tecnología no necesitaba ser tan productivo. Pero sin duda hoy es un distractor. Antes la jornada laboral se iba cortando con un café, un cigarrillo; hoy es con una pasadita al Instagram o con una mirada al Tiktok, que, sabemos, nunca es breve».
¿La IA le entusiasma, le sirve o le genera más sospecha que otra cosa?
«Me sirve y me entusiasma, pero no demasiado. Trato de utilizarla eficientemente para reducir tiempos, pero me niego a usarla cuando es la lata de pensar, de recordar o de asociar lo que me invita a echarle mano. Hay una trampa ahí. Si puedo hacerlo yo, trato de hacerle el quite. Al menos, hasta nuevo aviso».
¿Tiene una relación sana con el teléfono?
«¿Alguien la tiene?».
¿Siente que hoy consumimos demasiado y procesamos poco?
«Sí, pero me preocupan más los niños y niñas de hoy. Uno ya es quien es, ya desarrolló cierto pensamiento crítico y nuestros cerebros supongo que ya se acercan al definitivo. Pero veo el riesgo en mis hijos, que pueden pasar horas consumiendo con cierta glotonería esos shorts de YouTube o Tik-Tok sin hacerse ninguna pregunta, presas de sus sistemas de recompensa, esperando que el que venga sea mejor y el golpe dopaminérgico llegue más y más arriba».
¿Qué hace para salirse -aunque sea un rato- del ruido digital?
«Trato de leer lo más posible. A veces dejo el teléfono lejos del alcance de mi mano, pero apenas empieza a decaer mi atención porque un párrafo se volvió árido o latero, aparece la posibilidad del teléfono como una alucinación, una imagen espectral que siempre seduce con su canto de sirena. Ahora mismo lo acabo de tomar. Sonó una notificación. Silenciar».
¿Es de cambiar el teléfono seguido o lo mantiene hasta que no da más?
«No. Nunca he cambiado un teléfono. Los voy renovando a medida que me los van robando».
¿Qué tecnología siente que hoy está sobrevalorada?
«Todas esas que te prometen habitar metaversos o realidades aumentadas. No me llaman la atención en lo más mínimo. Con la cuota de ficción del día a día me basta y me sobra».
¿Qué tecnología le simplificó la vida? ¿Y cuál la que más le complicó?
«Aunque conozco sus riesgos y los he experimentado en carne propia, tener el banco en la mano es un agrado. No soy muy amigo de hacer filas. Me complica todo lo que hay que hacer para recuperar una contraseña. La autenticación en dos pasos, los captchas y ese bucle infinito me angustia harto».
«Nunca he cambiado un teléfono. Los voy renovando a medida que me los van robando», Iván Guerrero.


