Al lanzar De los errores se aprende incurrió en varios más.
El fin de semana pasado, Francisco Kaminski lanzó su podcast «De los errores se aprende» y su primer invitado fue el actor y gestor cultural Juan Pablo Sáez.
No debió haber escogido como invitado para el arranque a otro funado. A no ser que la idea sea hacer un ejercicio comunicacional a modo de centro de rehabilitación o terapia y lavaseco mediático (lavado de imagen) de famosillos castigados socialmente.
Si lo que quería era generar un espacio en que ya sea a través del nombre del mismo o de sus preguntas a los invitados quisiera decir que se arrepiente de sus manejos económicos que han repercutido en quienes han sido sus socios y parejas y que es un pésimo empresario, pero lleno de buenas intenciones, debió haberse autoentrevistado y listo.
Otra recomendación. Una charla previa, fuera de cámara, profunda, con quien va a entrevistar, para solicitarle que no lo agarre para el tandeo cuando estén grabando el podcast porque eso va a echar al tacho la idea de esta instancia (que no es otra que mejorar su imagen ante la gente). Si hubiera tenido esa plática preparatoria con Sáez este no le habría dicho al aire: «Me faltaban lucas para financiar las cosas. Te suena, ¿no?» La mirada que le puso Kaminski al escuchar eso era de esas que matan.
Un consejo más: no conducir solo este podcast. Llámenlo prejuicio, llámenlo anticuerpos, llámenlo desconfianza natural dadas las circunstancias conocidas, pero Francisco Kaminski en solitario en esta plataforma no convoca mucho como panorama en el tiempo libre de uno y si lo llega a hacer, no permite bajar la guardia y el escepticismo.
Le haría regio hacerse acompañar en este podcast, por ejemplo y sin ir más lejos, de su ex (al menos públicamente dan señales de ya no estar juntos) Camila Andrade. Ella pondría el toque femenino, la gracia, el humor.
También hay que mejorar el tema del monotematismo. «Sin editar», de Pamela Díaz, es tema libre. «Di la verdad, Rosa», «En las buenas y en las malas» y «Amikas daily» no se restringen tanto editorialmente como «De los errores se aprende», en que se gira una y otra vez en torno a las equivocaciones del invitado, sus mea culpa y las lecciones que ha sacado de todo aquello.
Lo bueno: Francisco se reconcilia con su veta de periodista y tomará todas estas recomendaciones. Tonto no es.


