La cercanía le gana al prestigio: así eligen hoy los escolares dónde estudiar

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Conclusiones de sondeo a 60.000 alumnos de 4° medio

El costo de traslado, del arriendo o de mantenerse fuera del hogar familiar puede ser la diferencia entre terminar o no una carrera, plantea experto.

La ubicación es el principal criterio que consideran los escolares chilenos al elegir la institución de educación superior, según una encuesta de Fundación Luksic aplicada a 60.140 alumnos de 4° medio de todo el país. El estudio forma parte del programa Aspiraciones 2026, que busca fomentar la continuidad de estudios en la enseñanza media técnico profesional.
¿Su objetivo? Identificar los elementos reales que consideran los estudiantes al elegir una carrera e institución tras salir del colegio. Los resultados mostraron que 21% considera la ubicación del plantel como el factor determinante para decidir dónde estudiar; le siguen aquellas que ofrecen financiamiento del Estado y el nivel de exigencia académica (ver tabla).
«Para muchos estudiantes, especialmente quienes no viven en zonas donde se concentra una mayor oferta de servicios o deben compatibilizar sus estudios con otras responsabilidades, la cercanía es un factor que puede facilitar su permanencia en la educación superior», resume Fernanda Orellana, gerente de Formación de Fundación Luksic.
 
¿Sorprende que la ubicación sea el factor decisivo al elegir? 
«El traslado implica un costo económico y de tiempo que no es menor, especialmente para quienes deben recorrer largas distancias para estudiar. De todas formas, es importante que esta decisión también considere información sobre la calidad de la formación, la empleabilidad y las oportunidades futuras. Es importante fortalecer el acceso a información clara y a una orientación vocacional que acompañe a los estudiantes en este proceso».
Manuel Farías, director de educación técnica y trayectorias formativo-laborales de Fundación Chile, opina que en un contexto de alto desempleo juvenil -que supera el 24%-, privilegiar el factor económico es una señal realista. «Es la cesantía más alta en cinco años y más del doble de la tasa nacional. Cuando el mercado laboral está así de exigente, cada peso y hora cuentan: el costo de traslado, del arriendo o de mantenerse fuera del hogar familiar puede ser la diferencia entre terminar o no una carrera. No significa que la calidad académica dejó de importar, sino que compite con una restricción real de recursos y de tiempo».
Hoy existe una oferta académica más amplia, añade, la cual «ha ido subiendo sus estándares porque debe cumplir con las exigencias del sistema de acreditación chileno».
El financiamiento del Estado, segundo factor más importante, también refleja el peso de la situación económica de las familias en este proceso. «El acceso a oportunidades es la puerta de entrada a la educación superior para estudiantes que provienen de hogares con menores ingresos», recalca Orellana, quien advierte que muchos jóvenes aún desconocen cómo postular a la gratuidad: «Se suma que no todas las instituciones de educación superior cumplen con las condiciones para acceder a ciertos apoyos estatales porque no cuentan con la acreditación o no están adscritas a la gratuidad. La falta de información puede llevar a que estudiantes que cumplen con los requisitos académicos y socioeconómicos se matriculen en instituciones donde finalmente no podrán acceder al beneficio esperado».
A la fecha, 38 universidades, 7 institutos profesionales y 23 centros de formación técnica están adscritos a gratuidad.
 
Foco en el empleo
Al elegir una carrera, los jóvenes son prácticos: la empleabilidad y el sueldo esperado al egresar también aparecen entre los principales factores de decisión. Sin embargo, 61% admite conocer poco o muy poco sobre ambos aspectos. Todos esos datos, por cierto, están disponibles en el sitio Mifuturo.cl del Mineduc (https://s.lun.com/mif445).
«Estas cifras demuestran que hoy no basta con que la información exista; es necesario acercarla y fortalecer la orientación vocacional para que los estudiantes puedan combinar sus intereses y vocación con antecedentes objetivos sobre las oportunidades laborales de cada carrera», plantea Orellana.
Farías subraya que los estudiantes hoy están obligados «a decidir con la cabeza fría: casi uno de cuatro jóvenes está buscando empleo sin encontrarlo; no es que estén dejando de lado sus intereses o su vocación, sino que tienen esa presión por detrás». Y esa presión también afecta a las instituciones de educación superior: «Ya no solo basta con tener prestigio o una malla atractiva, ahora tienen que mostrar resultados verificables de empleabilidad e ingresos, ofrecer rutas formativas más flexibles, que reconozcan aprendizajes previos y permitan avanzar por etapas, y demostrar una pertinencia real con el territorio y los sectores productivos de cada región».

Esto implica, cierra el experto de Fundación Chile, que aquellos planteles que logren acortar la distancia entre la sala de clases y el mundo del trabajo con prácticas tempranas, vínculo con empresas y formación técnico profesional pertinente a cada región tendrán una ventaja evidente.

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